sábado, 24 de febrero de 2018

El callejón felino 15

15
Un encuentro seguro (2).
- Al principio me conformé con la explicación de mi jefe, aquella de que allí las cosas no se hacían al modo del resto de empresas de este mundo y yo no iba a chupar guardias para que los que llevaban años allí descansaran. La lógica de lo ilógico, me convenció. Según pasaban los días, yo iba ganando la confianza del personal y, cómo no, del buen doctor. Esto era proporcional a mi lento despertar. Algunos meses después de comenzar a trabajar en aquella clínica la jefa de enfermeras me comunicó que tendría que comenzar a trabajar algunas noches y los fines de semana. Mis leves sospechas zozobraron nuevamente. Confiaban en mí, luego no había nada de lo que recelar.


Las guardias se sucedieron sin nada en particular que reseñar hasta una noche en la que trajeron a un individuo en un coche y a mí me relegaron al otro lado de la clínica, en donde todos los enfermos dormitaban tranquilamente antes de que les dieran el alta, casi con total seguridad, al día siguiente. Mientras revisaba informes y pacientes para comprobar que todo estuviera bien, mi mente trataba de encontrar una justificación para aquella acción. ¿Qué tenía de especial o de problemático aquel individuo para que me relegaran a otro puesto cuando había demostrado mi valía a lo largo de aquel año y medio? Lo dejé estar por aquella noche, hasta encontrar el modo de averiguar qué sucedía con el paciente, ya que en el sistema no aparecía nada relativo a un nuevo ingreso. La noche siguiente tenía que cumplir una nueva guardia. Tampoco en esa ocasión me permitieron acceder al ala de urgencias. Y como en la noche anterior, no hubo incidencias reflejadas en el sistema, aunque yo estaba bien segura de que también en esa noche había entrado alguien por aquellas puertas. Ya clareaba el día cuando uno de los enfermeros me pidió que le ayudara a recoger y limpiar la sala antes del cambio de turno. Me extrañó que acudiera a mí porque apenas me conocía, era de los que sólo trabajaba en las noches. Ya casi habíamos terminado cuando se me ocurrió preguntar de forma inoportuna por la suerte del paciente. Me miró como quien había sido cogido en falta y me lanzó a la cara que había sido poca cosa y que ya estaba en su casa. Le sonreí cada vez más convencida de que allí sucedía algo que no era como poco legal. El estado de la sala indicaba que la noche había sido todo menos poca cosa.- El relato de Soledad había conseguido que superara la somnolencia provocada por los antiinflamatorios que me había administrado. En mi cabeza se agolpaban una serie de preguntas que estaba segura que el avance de su historia resolvería. Aun así luchaba por contenerlas. El deseo por llegar a la resolución de los acontecimientos era más fuerte que la curiosidad. Una pregunta tras otra no habría conseguido sino retrasarla.- No volvimos a dirigirnos la palabra hasta un adiós y gracias al terminar de limpiar. Salí del edificio con cierto desasosiego, pero ansiosa por desconectar en mis dos días libres. No había llegado el mediodía cuando una llamada de mi jefe me comunicó que debía coger las vacaciones a partir de aquel momento porque no había forma de arreglarlo de otro modo. De nada habría servido protestar porque lo que tenía claro en aquel momento era que aquella era una maniobra para intentar alejarme de los asuntos turbios que ocultaba aquel lugar. Esperaba que todo quedara en eso, pero algo en mi interior me obligaba a moverme desconfiada por dondequiera que circulaba. Mientras disfrutaba unos días de playa medité sobre la posibilidad de renunciar y alejarme de todo aquel asunto turbio, pero la conclusión era obvia, habría resultado demasiado sospechoso. Así que dos semanas después me reincorporé. Y no hubo más guardias ni más sobresaltos, hasta que un día de trabajo infernal se convirtió en cinco horas más de turno y salí de noche.- Tragué saliva adelantándome a lo que se intuía un giro dramático en la narración, porque la prueba de que no había desencadenado en tragedia la tenía delante, a no ser que sólo yo la viera, en cuyo caso, tendría que incluir a algunos personajes más en el lote. Claro que, ¿qué es de todo momento crítico sin su correspondiente interrupción? Pues, una resolución insatisfactoria más de nuestros devenires.- No me dio tiempo siquiera de alcan… Un toque de telefonillo surgió como si alguien hubiera presionado una tecla de pausa.

3 comentarios:

  1. Maria Jesús hace tiempo que no entro en ti blog y la verdad es que no te he visto por aquí. Espero que estés bien. Un abrazo.

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  2. Eres como un día de fiesta, que se disfruta por ser extraordinario. Así son tus historias que aparecen de tanto en tanto para regalarnos con tu prosa elegante y unas tramas llenas de intriga. Es un placer leerte. Un beso muy grande

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  3. Hola María Jesús:
    Como muestra de admiración, te he nominado para el premio Blogger Recognition Award. Si quieres aceptarlo, puedes recogerlo en El crujir de la escarcha:
    http://elcrujirdelaescarcha.blogspot.com/2018/10/the-bloggers-recognition-awards.html
    Un beso

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