sábado, 10 de junio de 2017

La magnolia

Yo nunca fui así ni de lejos. Siempre fui un tipo centrado, con nervios templados, rara vez caía enfermo, resolutivo. Y ahora qué. Ahora tengo fiebre día sí, día también. La conocí aquella tarde, paseando por el parque. Haz ejercicio, me decía todo el mundo, te vendrá bien coger aire fresco. Yo era feliz en mi habitación multimedia después de trabajar ocho horas resolviendo desaguisados informáticos. Mi vida era y es un código binario. Yo no quería ser un Carl Lewis de las pistas, sino de los bytes. No quería ser un ligón de bares, sino de los chats. No quería tener una tableta por abdomen, sino una de última generación que me pudiera llevar a todos lados para seguir conectado. Pero el médico me regañó. Tienes que caminar Joaquín, que el colesterol se te va a disparar. Que no se puede estar todo el día sentado, que tu corazón va a estallar. ¡Ay! Y seguí su consejo. Me compré ropa deportiva, unas zapatillas de las que te hacen volar y me fui al parque. Y allí la conocí a ella, toda natural, nada de microchips ni circuitos. Una auténtica magnolia que me provocó una alergia irreversible galopante. Ahora salgo a caminar en una cinta de correr con un fondo en pantalla gigante con playas doradas y sonido marino que me relajan, que dicen que lo mejor para los alérgicos es el aire del mar. Y por la calle, mascarilla como un apestado. Quién me va a querer ahora. Ya sólo puedo con las sirenas del grupo de habitantes marinos. ¡Maldita primavera!

Relato escrito para el reto "Maldita primavera" de la comunidad de Google+ Escribiendo que es gerundio.