domingo, 21 de mayo de 2017

El callejón felino 13

13

Una llamada y una pescadería.

Desperté con el ánimo renovado, dispuesta a poner en marcha todo mi arsenal y acabar con aquel misterio. Salí bien temprano, con las precauciones propias de una ocupa fugitiva, en busca de una tienda de telefonía. Como era lógico, el dependiente trató de venderme el modelo más caro. Tuve que vencer mi impaciencia para no sucumbir a sus encantos y gastar mis ahorros en algo de lo que probablemente tendría que deshacerme en un corto espacio de tiempo. Abandoné la tienda con el modelo más económico del mercado, obsoleto y a punto de ser retirado, y las probables maldiciones del dueño que seguramente se estaba arrepintiendo de haberlo colocado en un expositor, a la vista. Crucé la calle y entré en un centro comercial que era lo suficientemente grande como para pasar desapercibida.
Al menos eso creía yo que, buscando un lugar en el que fuera difícil localizarme y cuya afluencia de público coartaría cualquier acción violenta hacia mi persona, me senté en una cafetería donde debían reunirse todos los friquis de Regreso al futuro, únicos seres del planeta capaces de detectar que mi móvil no era vintage sino una auténtica antigualla que lo único que le faltaba era una llave de cuerda por cargador. Ignoré el comentario jocoso del camarero que se había unido a la chanza general de miradas de soslayo, comentarios y sonrisitas burlescas - en este caso, me alegré por ser el foco de atención, sería más difícil un ataque sorpresa - y me dispuse a contactar con la enfermera y poner fin a toda aquella incertidumbre que manejaba mi vida en las últimas semanas. Marqué el número que había memorizado en nuestro encuentro en el parque y tras tres tonos escuché una voz al otro lado de la línea:
- Pescadería la almeja feliz. ¡Buenos días! En qué puedo ayudarle.- Mi estupor ante el error y lo jocoso del nombre me hizo enmudecer unos segundos. La interlocutora se impacientaba al otro lado.- ¡Hola! ¿Me oye?- Logré contestar entre tartamudeos:
- Creo que me he equivocado. Lo siento.- Colgué y revisé los nueve dígitos que había introducido. Mi naturaleza despistada me había inducido a ser precavida y, aunque la enfermera me dio instrucciones claras de que debía memorizar el número, recordé que lo llevaba apuntado en un papel diminuto pegado en la parte interior de la cinturilla del pantalón. Comparé lo que había escrito en ambos lugares. Era la misma serie de números. ¿Me estaba tomando el pelo, tal vez? ¿Se trataba de algún tipo de contraseña que no recordaba? ¿Aquella pescadería existía realmente? ¿Una almeja podía ser feliz? Las respuestas implicaban un paso previo: verificar la existencia de dicho negocio. Inspeccioné mi dispositivo. Afortunadamente poseía conexión de datos. Introduje el nombre en el buscador y crucé los dedos para que la respuesta fuera positiva. Tras unos segundos de tensa espera, la pantalla me devolvió el nombre, la dirección y el número de contacto del local en cuestión. No estaba lejos de allí.
Callejeé un rato hasta encontrar el barrio, un cúmulo de casas antiguas de dos plantas en cuyos bajos se sucedían toda clase de pequeñas tiendas variopintas y con nombres tan curiosos como el de la pescadería: La muralla del móvil, Bazar Gran Muralla… No caí en que me había metido en el barrio chino hasta que llegué a la altura de un restaurante y relacioné los nombres. Unos metros más adelante, casi al final de la calle, se encontraba la pescadería. Me entretuve mirando algunos escaparates para no llamar la atención sin perder de vista los movimientos que se producían en el local. Era incapaz de encontrar la conexión entre el número que me había dado la enfermera y aquel negocio. Más aún, dudaba de que alguien, salvo los implicados, pudieran encontrarla. Mi mente comenzó a elucubrar posibilidades, desde la simple pérdida/olvido del aparato, hasta el secuestro/asesinato e intervención, pasando por la socorrida tapadera. En cualquier caso, la espera me estaba resultando particularmente tediosa. La única solución viable era entrar e inventarme alguna excusa para saber si la profesional de la salud, ya que tampoco conocía su nombre, tenía alguna conexión con la pescadería china.
En el interior, una mujer anciana de rasgos orientales me observó con el ceño fruncido. Saludé sonriendo intentando esconder mis temores. Le expliqué que una enfermera me había dado un número de teléfono para una sesión de fisioterapia y al llamar me habían contestado desde aquel lugar. La china movía la cabeza, y señalaba cada producto de las bandejas hablando en su lengua. Ya casi me había dado por vencida cuando desde la trastienda un chino tan viejo como la anterior me hizo señas para que entrara. Dudé unos instantes. ¿Y si era una trampa? Sin embargo no tenía muchas opciones más que obedecerle si quería esclarecer aquel embrollo definitivamente. Lo seguí por una escalera hasta el piso alto, entramos en un cuartucho en el que había una mesa, una cama y un armario y esperé tal y como me había indicado. 

6 comentarios:

  1. Me he encontrado con esta entrega de la saga por casualidad, pero tengo que reconocer que aun no estando en antecedentes, me ha resultado interesante. Procuraré ponerme al día, aunque en cualquier caso es un relato estupendo.

    Un abrazo grande, Mª Jesús.

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    1. Muchas gracias por pasar y comentar, Julia. Me alegra que te resulte interesante.
      Abrazo!!!!

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  2. Tan estupendo como los anteriores y dando una vuelta de tuerca más para aumentar la intriga en esta maravillosa historia.

    Un abrazo y felicidades

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    1. Muchas gracias, amiga Ana, por pasar y comentar. Me alegra que te haya gustado y continúe intrigando esta historia.
      Abrazo!!!!

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  3. Este episodio me ha resultado especialmente interesante y llamativo. Su lectura me ha resultado muy ágil -en algún momento incluso divertida- y, como ya nos tienes acostumbrados con esta saga, has sabido mantener el suspense, dejándonos con ganas de saber más.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por pasar y dejar tus pensamientos, amigo Josep. Una de las cosas que pretendía al empezar esta historia era precisamente divertir.
      Abrazo!!!

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