domingo, 27 de marzo de 2016

Qué duro es ser marciano!!!!


¡Qué duro es ser marciano! No podían haber escogido otro color para nuestra piel. ¡No! Tenía que ser verde. A ver, venimos de Marte, el planeta rojo, y somos verdes, como los anfibios, los reptiles. Somos los ases del camuflaje, verde sobre fondo rojo. Digo yo que será por aquello de que tenemos la sangre fría y allí nos mantenemos calentitos. Tampoco podía ser otro animal con más glamour e inteligencia: un felino, un delfín, un caballo. No, verde, escamoso y come bichos. ¿Y cómo nos vestimos? ¿Con qué color puede combinar el verde para no llamar la atención? Con el marrón, o sea, un árbol y quédate quieto tipo insecto palo, pero cuidado que puede venir otro marciano y zamparte sin darse cuenta. Eso sí, si caes en una buena casa puede que te pongan adornos por navidad.

No solo el color es preocupante, también lo es la anatomía. Somos deformes. Cabeza descomunal, largas y delgadas extremidades, ojos saltones, sin orejas, lampiños. Es decir, si nos da frío, olvídate de meterte un jersey de cuello alto, a no ser que la lana ceda como para que entre un barril. Y el resto de la vestimenta, imagina a Gollum con esmoquin. Para el sol unas gafas de la feria, con unos elásticos alrededor de la cabeza para sujetarlas y una peluca o boina, o todo junto para enmascararlo. Si todo eso no te delata, aún puede hacerlo la extraña forma de andar y moverte, el lenguaje, tienes suerte si has superado el nivel de solo sonidos, tu medio de transporte, siempre hay alguien mirando al cielo que lo descubre.

Sin embargo, lo más inquietante es que teniendo una descomunal cabeza, que se supone que alberga un no menos desarrollado cerebro, con lo que eso implica, no solo caemos en la Tierra porque nuestra nave se avería, sino que además queremos invadirla, porque aunque nuestra civilización y nuestro hábitat sean perfectos, no es suficiente, tenemos que dominar el universo. Por si  eso no fuera bastante irrisorio ya de por sí, nos vence una panda de atontados con medios arcaicos que ríete de los dibujos animados. ¡Ay! ¿Por qué habré salido a buscar un lugar nuevo para merendar?

Relato reeditado para el concurso "El Marciano" de EL CÍRCULO DE ESCRITORES


jueves, 3 de marzo de 2016

Agua estancada




Recorriendo las calles que me vieron crecer, voy enumerando palabras inconexas en forma de relatos que aglutinan significados solo para mí. Después de tanto tiempo alejada de la melancólica mirada de piedras y moho me resulta extraña la idea de una ciudad en una isla no muy extensa que no tenga vistas al mar. Me siento como el turista preso del asfixiante conglomerado de cemento que se alarga ante la terraza de su apartamento, a través del que tiene que adivinar la magnificencia del líquido elemento. Como en aquellas vacaciones en las que me entregaste el mejor regalo, una botella con una isla flotante, que aún hoy atesoro y que continúo observando en busca de tranquilidad, puede que también de tu sonrisa reflejada en el cristal.

Ya apenas me siento parte de este mundo. Ha dejado de tener encanto. Soy como una estrella fugaz, errante, que trata de cuadrar su existencia en un universo frío y oscuro, sin hallar nunca el final de su camino. Me aferro a ese transitar monótono y absurdo como lo hago con el agua ahora estancada que rodea la isla idílica de esa botella, buscando el sentido perdido que me impulsaba a crear y creer ciegamente en ello, a lanzar historias al aire ignorando la atención interesada de muchos porque unos pocos aún parecían entenderme y abrazarme con la calidez de sinceras palabras.

Me faltas, como la voluntad ahogada por la llovizna constante que entumece los miembros y nos tienta con la búsqueda malsana de una guarida de sombra y olvido al calor de una efímera hoguera que tarde o temprano dejará de arder. Sé que estás ahí, agazapada, hastiada de tanta hipocresía, de halagos ligeros, de expresiones vanas y miradas vacías. Me traes el rumor de las olas chocando contra las rocas, esas que brillan entusiasmadas con el silencioso reflejo del sol cuando la marea se retira y las libera en un cúmulo de tonalidades imposible de describir. Me arrullo en la fidelidad constante de tu recuerdo.

El ruido no cesa sofocando el apacible fluir del sutil tintineo de aquella isla rozando las paredes transparentes que nos embelesaba en un sueño profundo del que no queríamos despertar. Te deseo de forma inevitable como el tacto húmedo y salado resbalando por la piel. Y es ese ansia que corroe mis entrañas el que me incita a recorrer en una exhalación el resto de las calles en busca de la seguridad del recuerdo intacto en el agua estancada de la botella; el que me impulsa en un arrebato a estrellarla contra el suelo.


Te contemplo. Entre cristales minúsculos sobre un charco informe. Te he liberado para convertirte en un bulto inútil que me abofetea con su realidad en forma de moraleja. He de sentirme libre a través de la recreación de los impulsos de mi mente, de nada me sirve desprenderme de ellos si no es en el papel, a pesar de que pocos los entiendan, a pesar de que a pocos les interesen.

Concurso La imagen imposible I de EL CIRCULO DE ESCRITORES