miércoles, 3 de febrero de 2016

Año 1. Memorias de una odisea. (Parte 2ª)

Unos minutos más tarde, una pequeña nave no tripulada, apareció silenciosamente por detrás de la montaña. Aquel aparato autosuficiente era una prueba de mi creencia en que los dirigentes más ineptos se rodeaban de consejeros aún más ineptos – todo sea que no les hagan sombra-. Habían prescindido de su uso en favor de otros artilugios, como los vehículos pesados o la totalidad del arsenal, que habían supuesto un factor crucial en la rápida desaparición de recursos, el uno, y agente de la aniquilación, el otro. Nunca hubo motivo para sostener la norma de que cada ciudadano portara una o más armas dependiendo de su rango y ocupación. De cualquiera de las maneras, el mal ya estaba hecho y no tenía sentido lamentarse por lo que ya no se podía solucionar, más teniendo en cuenta que era el error de otros.

La máquina abrió la compuerta de su cabina tras aterrizar a nuestro lado sin apenas levantar polvo. Resoplé resignada mientras me levantaba. No me sentía nada conforme con la idea de depender de un cerebro electrónico que parecía haber cobrado autonomía de pensamiento y acción por arte de magia. Y el Ente había probado con alta calificación que no era estúpido. Recogí a mi joven compañera del suelo con cuidado de no despertarla para evitar provocar una reacción indeseable que complicara aún más nuestra precaria situación, y nos metimos en el confortable habitáculo.
- ¿Estáis cómodas?
            Me sorprendió aquella voz metálica que volvía a tener el tono amigable que siempre le había conocido. Me coloqué los auriculares con micrófono para no molestar a la niña, le confisqué su comunicador temporalmente y contesté casi en un susurro:
- Estamos listas.
- Bien. He programado la ruta de la vergüenza. Sé que te molestará porque pertenecían a tu especie, pero vas a estar mucho mejor sin ellos. Espero que tu copiloto enmiende su poco prometedor currículum y siga tus pasos.- Refunfuñé, a pesar de estar de acuerdo con aquel corto discurso, y me mentalicé para lo que iba a presenciar.
            La nave alzó el vuelo sin sacudidas y comenzó a volar de forma estable. No era rápida, pero sí extremadamente fiable. La montaña se iba haciendo más pequeña a nuestras espaldas mientras nos alejábamos y tomábamos una altura segura para sobrevolar los aún humeantes vestigios del asentamiento. El silencio, solo roto por alguna que otra débil explosión o la caída de alguna construcción, en la otrora bulliciosa ciudad, resultaba deprimente. Insonoricé la cabina y continué observando el desolador panorama. Me entristecía la imagen que me devolvía aquel amasijo de metales, piedra, carne y huesos. Yo nunca había tenido un hogar más allá de la nave madre. Todos mis familiares habían muerto en ella, circunstancia de la que ahora me alegraba, pues no habría sido capaz de asumir su pérdida en aquella guerra absurda. Y aunque nunca me había sentido cómoda entre aquellos pobladores, no podía dejar de sentir la congoja de haber perdido la unión con la tierra firme.
            Cambiamos de rumbo y ascendimos en dirección a nuestro destino. En tan solo unos minutos entramos en la bodega de operaciones. Esperé por la señal de atmósfera apta y entramos en una de las cápsulas de transporte que nos llevó directamente al interior. A pesar de ser las únicas humanas del entorno, todo permanecía extrañamente con vida, tal y como la habíamos dejado hacía meses. Las plantaciones se extendían verdes y enérgicas, los sensores funcionaban a la perfección, la iluminación era adecuada y suficiente, la música clásica acompañaba nuestra soledad. Me dirigí a la zona de descanso y dejé a mi pequeña huérfana en la habitación contigua a mis antiguas dependencias. La tendí en la cama y contemplé su rostro sereno, casi feliz. El descanso era su mejor medicina en esos momentos. Ya habría tiempo para averiguar en qué medida le había afectado lo acontecido.
            Dejé mis escasas pertenencias en mi suite y comencé a recorrer las instalaciones a pie ignorando los transportes mecánicos. Mi intención era comprobar que todo estaba en funcionamiento y trazar un plan mental de las posibilidades que teníamos de hacernos con el control de la nave, revirtiendo la autonomía del Ente en nuestro beneficio. Las probabilidades de éxito eran limitadas, pero no inexistentes, aunque el proceso sería largo y complicado teniendo en cuenta que cada paso que diéramos, cada palabra que pronunciáramos, cada acto que ejecutáramos, sería observado muy de cerca. Sin embargo, yo había tenido la mejor maestra en el difícil arte de burlar al burlador y era hora de poner en práctica todas sus enseñanzas, sin importar el tiempo que me llevara. Y el primer paso era dejar creer al Ente que tenía el control absoluto. 

9 comentarios:

  1. Sigues una línea argumental muy atractiva, con una forma de redacción muy fluida.
    Sospecho que leeré la saga entera.
    Un abrazo Mª Jesús

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    1. Gracias por la visita y por tus palabras, Francisco. Siempre es agradable leer las impresiones del lector. Me alegra que te resulte atractiva.
      Abrazo, compañero!!!

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  2. Un relato muy fácil y cómodo de leer. Es fluido y atrayente. La ciencia-ficción se te da muy bien pues todo lo describes como si lo hubieras vivido en primera persona, jeje. Un gran reto el de engañar al Ente. ¿Quién será más listo? La intriga está servida.
    Me ha gustado saber que en ese futuro tan lejano todavía se disfruta de la música clásica.
    Un abrazo.

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    1. Me alegra que te guste, Josep. Lo cierto es que no soy una gran aficionada de la ciencia ficción, este relato me lo había planteado como una parodia. Lo cierto es que me he divertido mucho escribiéndolo.
      Gracias por tu visita y tu comentario.
      Abrazo!!!!

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  3. Me gusta mucho la personalidad con la que has dotado al ente. La conversación con la protagonista es muy buena. Un abrazo muy fuerte y enhorabuena

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    1. Y yo que quería que resultara antipático, ese metomentodo electrónico que se aburre mucho. Gracias por pasar, Ana, y por comentar.
      Un abrazo muy fuerte!!!!

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  4. He leído esta 2º entrega no veo la 1º , peor voy a leer la 3º.
    Un abrazo Maria jesús

    P.D. Si lees esta ahora entra en mi blog por favor ya tengo otra entrega de mi relato, y por favor comparte a ver si sale , yo no lo puedo compartir

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  5. Gracias por pasar y comentar, María del Carmen. Si pinchas en etiquetas te salen todas las entregas.
    Pasaré por tu blog.
    Abrazo!!!!

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