martes, 23 de febrero de 2016

El callejón felino 9

Un cautiverio, una huida, una revelación.

Pasé la noche en vela intentando encontrar una manera de escapar del encierro en el que me hallaba. Quedaban dos días con sus noches para que llegara el jueves. Horas, minutos, segundos interminables que agonizarían junto a mi desleída voluntad. No había tomado la medicación incautada y dosificada por mi madre, pero era consciente, si es que mi cabeza en aquel momento podía jactarse de tal estado, de que se las ingeniaría para conseguir que las tomara. Estaba atrapada en una espiral en la que el final no se vislumbraba. Si no comía me debilitaría dificultando aún más mi evasión, tampoco había forma de burlar a mi carcelera ocultando los restos de comida, aunque los tirara por la ventana acabaría encontrándolos porque hacía mucho que los gatos habían abandonado el barrio. Si comía mi entendimiento se resentiría, no en vano aquella mujer se había convertido en una auténtica maestra en camuflar pastillas, jarabes y demás drogas hasta el punto de que el sabor de los alimentos no sufriera alteración alguna, consecuencia clara de haber convivido con mascotas, incluido mi padre que solía engullir albóndigas creyendo haber burlado a la burladora porque no se le arrugaba el entrecejo ni le asaltaban las arcadas.

domingo, 14 de febrero de 2016

Futuro


Me repetiste en muchas ocasiones que una pequeña venganza resultaba de gran alivio. La clave para ti era el adjetivo, pequeña, esa que no produce un mal irreversible y trágico. Yo siempre te contestaba que con ella algo se pudre en nuestra alma. Y, aunque mirar hacia otro lado no es solución, la indiferencia guarda un arma de gestación poderosa en reciprocidad, cuánto más ignoras, más harán por llamar tu atención.
No encuentro alivio para el peor de los castigos, el crecimiento de la repugnancia y el hastío en proporción inversa al que un día fue un sentimiento dignificante. Y así se han ido acumulando vanos rencores y palabras malsonantes, por no querer escuchar aquellas con significado de las que se sospecha reproches y quedaron relegadas al olvido de cientos de saquitos, cúmulos de impotencia. El silencio también amarga en su conjetura. Lo mires por donde lo mires, el desenlace lógico es abrazar la caída hasta el fondo en el declive sin fisuras a las que asirse.

Sé que cuando leas estas líneas tu primer pensamiento será considerar mi huida como desquite. Sí, me he liberado de ese monstruo reptante que se va apoderando de la convivencia, de la convivencia fétida que atenaza el cuerpo y la mente para intentar ahogarlos en una ciénaga de sumisa decadencia. Sin embargo, amigo mío, el daño es irreversible, las sombras de la desconfianza reaparecen cada vez que vislumbro un acercamiento. Sigo escapando pues, sin remisión, haciendo de las horas sueños inalcanzables, perfectos, incuestionables. El corazón no se ha diluido, tan solo está remodelando el caos que las miradas airadas y la inflexibilidad han sembrado en una nueva edificación de cimientos inciertos, pero de personificación poderosa. Algún día me dirás si este es o no un resarcimiento valioso. 

Relato escrito para el concurso San Valentín II "La cara oculta" de EL CÍRCULO DE ESCRITORES


sábado, 13 de febrero de 2016

Año 1. Memorias de una odisea (Parte 4ª)

El día de las grandes esperanzas comenzó con la puesta en marcha de mi plan secreto. Ni siquiera mi pequeña amiga, que continuaba aferrada a mi mano por donde quiera que fuéramos, podía conocerlo. Tampoco podía contar con los robots, que realizaban las tareas de mantenimiento y limpieza entre otras, como ayuda extra en mis propósitos, porque cualquier cambio, por muy sutil que fuera, sería detectado de inmediato por nuestro carcelero. Así pues, la única alternativa que me restaba era entrenarme para alcanzar su centro neurálgico en el menor tiempo, por el recorrido más corto y sin ser detectada.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Casualidad



Se detuvo al salir de la estación, como acostumbraba últimamente, en la cafetería de la esquina, antes de afrontar la jornada de trabajo. No era un local especial, ni siquiera vistoso. Era uno de tantos bares que abundaban en el centro de la ciudad. Su particularidad, un café de calidad y una cristalera que lo rodeaba, lo que le permitía contemplar la vida pasar desde su ángulo favorito de la barra. Estaba claro que a aquellas alturas era muy difícil cambiar, por mucho que se empeñaran sus amigos, su familia. Ni siquiera se lo había planteado ahora que aquella muchacha había aparecido en la escena como un torrente que no cesaba de fluir en el mismo lugar con aguas renovadas cada día. Le resultaba hermoso encadenar instantes desde la distancia sin perder la atracción por lo que seguía siendo desconocido, lejano, a pesar de que los gestos, las miradas, las voces se hubieran convertido en habitual como escenas inconexas en un cortometraje de taza pequeña que acompaña un suspiro. Rara vez se enfriaba el líquido marrón, salvo aquella mañana en que perdió la compostura y sus sentidos se abandonaron con alevosía intentando retener los detalles más allá de lo inmediato y una risa espontánea liberó la añoranza. Como si de un juego tácito se tratara, abandonaron sus butacas al unísono, alcanzaron la puerta una tras la otra. Se sorprendió pronunciando un común gracias ante el gesto corriente de sostener la puerta. En respuesta un hasta mañana como una promesa que congela el olvido, una sonrisa que cautiva el retiro, unos pasos que acercan la certidumbre, otro tímido hasta mañana que ya no se conformará con la obscena casualidad enhebrando huellas diluidas en el tiempo.

Relato escrito para el concurso San Valentín II de EL CÍRCULO DE ESCRITORES

martes, 9 de febrero de 2016

Premio "Very Inspiring Blogger Award"




Hace tiempo que no compartía un premio otorgado por los compañeros blogueros, aunque no he dejado de agradecer las nominaciones que me han dado, entre otras razones por falta de tiempo. Sin embargo, quiero hacerlo con este Very Inspiring Blogger Award porque la mención ha sido doble, porque me alegra mucho que mi contribución sea inspiradora y porque mis nominadores me resultan inspiradores a su vez.

Empezaré, tal y como marcan las normas, por dar las gracias a mis compañeros. No recuerdo cómo llegué hasta el blog de Josep Mª Panades, Retales de una vida, pero sin duda es uno de los más inspiradores para mí también. Sus relatos de historias cotidianas, de cuidada y sensible narrativa, invitan siempre a la reflexión. La segunda nominación me viene de la mano de María del Carmen Píriz, Alguien con quien hablar, y aunque descubrí su blog recientemente, os gustaran sus historias, y esa mezcla de narrativa y pinturas de creación propia que embellecen su blog. A los dos, muchas gracias.

            El premio ya lo he mostrado, así que os dejo las normas:

- Dar las gracias y vincular a la persona que le nominó
- Enumerar las normas y mostrar el premio
- Compartir siete cosas sobre sí mismo
- Informar a los nominados
- Exhibir con orgullo el logotipo del premio en tu blog
- Seguir el blog que te nominó
- Nominar otros 15 blogs que te sorprendan

            Una de las cosas que menos feliz me hace es que de repente me pidan que cuente cosas sobre mí, así que siguiendo la original forma de Josep, lo haré a mi manera con un texto para que cada cual lo interprete.



            Sin duda nominaría a todos los blogs que sigo por lo que de inspiradores tienen, y la lista sería un tanto larga, así que me limitaré a nominar a algunos de ellos, cuyos trabajos sigo ya desde hace algún tiempo, aunque a veces me falte y no pueda estar al día, como con el resto, y algunos no solo desde sus blogs:



Abrazo!!!!!

domingo, 7 de febrero de 2016

Año 1. Memorias de una odisea. (Parte 3ª)

Las jornadas transcurrían con la misma tediosa rutina. Nos aseábamos, desayunábamos, hacíamos algunas labores en la huerta, comíamos, descansábamos, las clases de Eva, paseábamos, cenábamos y a la cama. No había rincón alguno que el Ente no controlara, así que aunque tuviera un ejemplar del manual de funcionamiento del sistema, no podía consultarlo sin que se enterara. O bien ideaba una excusa creíble para hacerlo en su perenne presencia, o bien pensaba en cómo salir de la nave por algunas horas lejos de su supervisión.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Año 1. Memorias de una odisea. (Parte 2ª)

Unos minutos más tarde, una pequeña nave no tripulada, apareció silenciosamente por detrás de la montaña. Aquel aparato autosuficiente era una prueba de mi creencia en que los dirigentes más ineptos se rodeaban de consejeros aún más ineptos – todo sea que no les hagan sombra-. Habían prescindido de su uso en favor de otros artilugios, como los vehículos pesados o la totalidad del arsenal, que habían supuesto un factor crucial en la rápida desaparición de recursos, el uno, y agente de la aniquilación, el otro. Nunca hubo motivo para sostener la norma de que cada ciudadano portara una o más armas dependiendo de su rango y ocupación. De cualquiera de las maneras, el mal ya estaba hecho y no tenía sentido lamentarse por lo que ya no se podía solucionar, más teniendo en cuenta que era el error de otros.