viernes, 29 de enero de 2016

Año 1. Memorias de una odisea (Parte I)

La vida en el espacio está sobrevalorada. La posesión de una nave espacial, un planeta desconocido, viajes a la velocidad de la luz. Éramos bisnietos emigrantes de aquellos pioneros que se atrevieron a surcar la nada en un experimento que sabían que no iban a disfrutar en su desenlace. Viajamos durante años en nuestra gran morada flotante, un grupo de ingenieros, arquitectos, granjeros, médicos, científicos…, todas las representaciones del conocimiento humano, excepto las del alma, necesarias para iniciar la conquista de un nuevo cosmos. Ese saber, fue pasando de generación en generación dentro de aquel amasijo inmenso de metal. Todo estaba calculado: quién debía procrear con quién, la jerarquía tácita y hereditaria, el número de integrantes de la colonia, el Ente que controlaría de forma objetiva el curso del día a día. Nadie hablaba, salvo lo indispensable. Nada de filosofía, nada de emociones, nada de sensaciones. A nadie le gustaba su tarea, pero no protestábamos, por el bien común, por el éxito de aquella empresa.

Aterrizamos en un planeta desconocido, sin saber si había vida, vegetación, fauna, habitantes hostiles, mares, ríos, civilizaciones avanzadas, seres mutantes… El Ente se ocupó de comprobar con su avanzado sistema de inteligencia artificial que el medio era seguro pero no estaba exento de complicaciones para su habitabilidad, algo de lo que nos enteraríamos de forma un tanto trágica algún tiempo más tarde. Con aquella información logística, desembarcamos con nuestros materiales hasta alcanzar el lugar que se suponía ofrecía las mejores posibilidades para el desarrollo de nuestra comunidad. El despliegue era sencillo, solo había que seguir unas elementales instrucciones para montar las instalaciones prefabricadas. Nadie discutió. Todos colaboramos porque todos queríamos abandonar aquel amasijo enorme que nos había cobijado en nuestro viaje como si de un planeta volante se tratara y sentir bajo los pies uno real.
Así pues, la primera noche – si es que la luz velada que se fue apoderando de la atmósfera con el transcurso de las horas podía calificarse como tal - fue sencilla, sin cuestionamientos. Las jornadas siguientes continuaron siendo apacibles dentro del lógico ajetreo de la extraña mudanza. La exploración no resultaba sencilla. No sabíamos si había estaciones diferenciadas como en el planeta de nuestros tatarabuelos, la climatología era tan monótona como el sutil cambio de día a noche. Teníamos que ahorrar recursos hasta encontrar una fuente de energía independiente y, a ser posible, inagotable. Nuestros científicos trabajaban incansables, pero ninguna daba resultado más allá de unos cuantos kilómetros de autonomía. Aún así, fuimos afortunados al alcanzar lo que parecía el confín de aquellos páramos en los que nos habíamos asentado. Ante nosotros se extendía una gran masa de agua similar a nuestros mares, pero nadie lo predijo, no teníamos vehículos flotantes, había que construirlos.
Nuestro pequeño asentamiento comenzó a crecer hasta convertirse en una urbe de dimensiones peligrosamente insostenibles. Siguiendo el plan trazado, se formaron familias que procreaban más allá de lo que se había programado a priori. Las construcciones proliferaban, los recursos iban decreciendo y el espacio para producir alimentos se había hecho insuficiente. Yo contemplaba todo aquel panorama desde la distancia, con la sombra de mi pareja adjudicada espiando cada uno de mis movimientos. Subía a una de las escasas montañas que nos rodeaban y me entristecía con el pensamiento de lo que nos rodeaba. En la ciudad, a la que nadie había puesto nombre porque no hacía falta diferenciarla, empezaron a mirarme con recelo. Me gané la fama de disidente porque huía lejos a “meditar”. Yo solo me repetía las palabras de mi abuela: No te fíes. Te darán un título, pero lo único que les interesa es que sigas sus directrices y que procrees. Si no lo haces, te tratarán como a una proscrita.
El primer año iba a concluir y, tal y como se había planificado, se establecería una comunicación con la Tierra. Se desplegó una gran pantalla en medio del asentamiento y cada ciudadano ocupó su lugar discretamente para ser partícipe del discurso de nuestro líder. Nadie esperaba encontrarse con la visión apocalíptica de su origen. Entre interferencias, parientes lejanos que no conocíamos relataban el final de la vida conocida en aquel maravilloso planeta sin esperanza de salvación, del que nadie podría huir ya. Nadie brindaba por un año nuevo de ilusión y cambio. Las campanas no sonaban en ningún lugar estimulando la alegría. Ningún ser besaba a otro. Solo había rostros grises, de mirada errática, que suplicaban en vano por una ayuda inexistente. La conexión se cortó y la muchedumbre se desperdigó silenciosamente. El año había comenzado y, con él, el principio del caos.
Nuestras naves estaban listas para surcar aquella masa líquida en la que todos ponían sus esperanzas. Sin embargo, no había combustible alguno para ponerlas en movimiento, salvo el que restaba en nuestra nave nodriza. Se estableció una asamblea de dirigentes para negociar con el Ente que había permanecido extrañamente en silencio durante algunos meses. Se preparó la sala de operaciones para la ocasión, con nuestro líder como portavoz del consejo de expertos y una serie de testigos, entre los que me encontraba, elegidos por sorteo – de otro modo, nunca habría sido elegida - :
- Asentamiento llamando a Ente. Ente, ¿nos recibe?- El otro extremo de la conexión permanecía en silencio. Durante cinco interminables minutos se repitió la misma fórmula sin éxito. Cuando ya todos lo daban y se disponían a abandonar la sala, nuestro cerebro respondió con una extraña entonación jocosa y una melodía electrónica de fondo:
- Os recibo alto y claro. ¿Qué queréis?
- Necesitamos tu ayuda. Tenemos las naves listas para expandir nuestras fronteras pero las reservas de combustible se han agotado. Queremos disponer de parte del remanente de la nave madre.- Se hizo un nuevo silencio salvo por la música que continuaba sonando de fondo exasperando a los presentes.- ¿Ente?- El silencio se tornó completo de forma repentina y una voz atronadora congeló el aliento de la asamblea:
- Negativo. Habéis expoliado vuestro entorno y procreado de forma indiscriminada invirtiendo el orden preestablecido: asentamiento, expansión, crecimiento.- El desánimo se alojó entre los presentes. ¿Desde cuándo aquella máquina programada para el servicio de la comunidad tenía capacidad de razonar y discernir lo correcto de lo incorrecto?
- Ente, Ente. Al menos permítenos trasladarnos en nuestra nave a otro lugar habitable.- Por respuesta recibimos la Marcha Fúnebre de Chopin en acordes metálicos. Mi abuela. La ansiedad creció por momentos entre los presentes que se miraban unos a otros desconcertados. Nadie osaba hablar, entre otras razones, porque nadie tenía una solución para alcanzar la solución, que no era otra que asaltar la nave madre y desconectar al Ente. Y es que, aunque hubiera existido la posibilidad de alcanzar la máquina, ninguno de sus antiguos moradores había sido lo suficientemente desconfiado o cauto como para leer el capítulo de problemas-causas-soluciones del manual.
            La asamblea se disgregó y, con ella, la esperanza de un futuro. Cada cual volvió a su mísera morada. Yo subí a aquella atalaya que había convertido en refugio. Desde allí todo parecía apacible, salvo por el aire denso que enrarecía la atmósfera presagiando lo peor. Y, como cada tragedia, aquella también tenía un profeta: el Ente. Mi comunicador personal parpadeó con insistencia. Yo no solía llevarlo encima porque me sentía controlada en extremo, pero en aquella ocasión mi intuición me advirtió de que sería necesario. Abrí el mensaje mientras en la lejanía comenzaban a observarse fogonazos dispersos.
Ente: Has hecho bien en alejarte. La autodestrucción esos seres débiles, vanidosos, vagos, envidiosos, supersticiosos… ha comenzado.
            Me quedé atónita observando la pantalla parpadeante del aparato. Aunque nunca me había sentido parte de aquella masa aborregada, no me hacía feliz la idea de que terminaran matándose unos a otros.
Yo: ¿Eres tú el artífice de tal destrucción?
            Esperé unos segundos por la respuesta, aunque ya la conocía de antemano.
Ente: Eres muy lista para ser una paria… En realidad solo he sembrado una ligera duda entre ellos… El resto es cosa suya… Y dada su idiosincrasia, el desenlace está claro.
            No respondí. Llevaba razón en aquella apreciación. No cabía argumento en contra. En la ciudad, las escaramuzas parecían haberse intensificado, a la par que el sonido de explosiones y disparos. No había solución tampoco para aquello. Aunque hubiera optado por adentrarme en las calles, lo único que habría conseguido habría sido una muerte segura. Me tumbé amparada por los arbustos que crecían en la loma y esperé por el trágico desenlace.
            Desperté unas horas más tarde rodeada por el olor a muerte que ascendía sin piedad envuelto en la humareda de la masacre. Las llamas aún ardían a lo lejos. Casi se podía oír su crepitar bajo el silencio reinante. Mi comunicador volvió a vibrar.
Ente: Ya solo queda uno. Ha sido rápido. Lástima que no hayan aprendido a usar la tecnología para sobrevivir en lugar de exterminarse también aquí.
            El sonido de algo arrastrándose en dirección a la luz del comunicador me sacó del ensimismamiento. Me escondí tras un matorral, en guardia, dispuesta a luchar por mi supervivencia. A unos pocos pasos, una figura diminuta se había detenido. Miraba alrededor desorientada. Alumbré cerca para comprobar que se trataba de una niña de unos diez años, que permanecía hierática, con los puños apretados, incapaz de reacción alguna. Me acerqué despacio para no asustarla, hasta colocarme a su altura y le hablé en voz baja y sosegada:
- ¡Tranquila! ¡Estás a salvo! ¿Tienes hambre?- Asintió con vehemencia. Saqué mi última barra energética y le tendí un trozo que devoró en un segundo.- Debes tener frío y estar cansada.- Volvió a asentir con el mismo ímpetu, sin emitir sonido alguno. La tapé con mi manta térmica y la contemplé mientras se iba relajando hasta hacerse un ovillo y quedarse dormida a mi lado. El comunicador volvió a vibrar:
Ente: Bien. Estáis solas. Solo queda una opción. La nave.
Yo: ¿Cómo la alcanzaremos?
Ente: Solo subirás tú.
            Me revolví con rabia e impotencia. No estaba dispuesta a abandonar a aquella criatura que había sido testigo de tanta barbarie.
Yo: De ningún modo. Vamos las dos o ninguna.
Ente: ¿Estás dispuesta a que esa niña te corte la yugular en un descuido? Ya ha matado a unos cuantos. Ha olido la sangre.
            Dudé. ¿Era una treta como la que había iniciado toda aquella masacre? ¿Jugaba conmigo? Aunque fuera cierto, ¿no cabía la opción de que si sentía segura no cometiera temeridad alguna?
Ente: No lo pienses tanto. Tienes dos alternativas. Dejarla a su suerte y tal vez sobreviva, o estrangularla y ahorrarle el sufrimiento.
            No estaba dispuesta a ceder.
Yo: Correré el riesgo. Subiremos las dos o ninguna, y no es negociable.
            Esperé por una respuesta durante algo más de un minuto temiendo lo peor, que fuera negativa.
Ente: ….. Es tu decisión… Vuestro transporte llegará en breve.


12 comentarios:

  1. Me encanta esta nueva novela que has iniciado, Mª Jesús. Si hubieses nacido en el XIX no tendrías precio como novelista por entregas, una Elizabeth Gaskel del siglo XXI. Un besazo

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    1. Gracias, estimada Ana, por tu visita y por tan generosas palabras. Lo cierto es que en este caso es un cuento, un poco largo, que he dividido para que sea más fácil leerlo. Un besazo para ti.

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  2. Es un relato muy avanzado a siglo XXII cuando la vida en la tierra se hizo insoportable, seguiremos lo que pasa , Un saludo

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    1. Gracias por pasar y comentar, María del Carmen. La vida en la tierra es un poco insoportable a veces en este siglo.
      Abrazo!!!

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  3. Este relato de ciencia ficción promete. Estaré pendiente de la segunda entrega.
    Me alegra haber aterrizado por aquí.
    Un abrazo.

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    1. Gracias Francisco. A mí también me alegra que hayas pasado. Bienvenido.
      Abrazo!!!

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  4. Un magnifico relato futurista en el que se retrata la bajeza del ser humano. Allí donde vaya creará el caos, devorará los recursos naturales y acabará con toda posibilidad de supervivencia. ¿Nuestros descendientes tendrán que vagar de planeta en planeta, repitiendo siempre los mismos errores?
    Buen comienzo. Has creado un clima perfecto para que merezca la pena esperar al siguiente capítulo.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, estimado Josep, por pasar y por tus palabras. Yo creo que sí, que seremos nómadas interestelares destructivos.
      Abrazo!!!!

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  5. Hola de nuevo, Mª Jesús.
    Creo recordar que no eres muy aficionada a los premios. Sea como sea, te he nominado a uno de estos premios que se conceden entre compañeros de letras. Si tienes curiosidad por saber de qué se trata sólo debes visitar mi blog "Retales de una vida".
    No te sientas obligada. Yo me doy por satisfecho habiendo cumplido con mi parte que es la de mencionarte y nominarte. El resto ya es cosa tuya.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Josep. No es que no sea muy aficionada, es más, agradezco mucho tu nominación, a lo que no lo soy es a esa especie de espiral en la que se entra y al final no sabes muy bien por qué te lo conceden, pero me consta que este no es el caso. Pasaré, como siempre, porque soy seguidora de tu blog y tu trabajo que considero de gran calidad. Enhorabuena porque sin duda lo mereces.
      Un abrazo, compañero de letras.

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  6. Mª Jesús Ahora te doy las gracias desde aqui en tu blog por que no se que me ha pasado que Google me ha penalizado y yo no se por qué, No me deja ni, contestar comentarios en mi blog, ni compartir mis escritos durante 15 dias, ya les escribí para impugnar la penalización a ver si me contestan y me la quitan o me dan explicaciones de lo que ha pasado, No entiendo nada.
    P.D. mi contestación a tu entrada en mi blog: Pasa por mi casa te he nominado en este nominado a un premio es gratificante que te premien. ¡Felicidades! Un abrazos

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    1. A ver si se resuelve el lío, María del Carmen. Menuda lata!!! A mí no me aparecen los +1 últimamente.
      Gracias por esa nominación y felicidades por tu premio. Pasaré por tu casa que me gusta tu trabajo.
      Abrazo!!!!

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