domingo, 27 de diciembre de 2015

Frío

Había olvidado la sensación de frío. Esa que en algún momento indeterminado consigue incluso que tirites. Me había acostumbrado a perseguir el concepto de felicidad de la mayoría. El calor. Puede que tal vez una playa, sí, y una camiseta de tirantes, un paseo, una sonrisa. Tardes interminables. Quieren hacerte creer que bajo ese sol asfixiante se puede desear un abrazo. Y corres por la orilla, buscando piedras de colores. Hoy me he despertado y los cristales escarchados de la habitación no dejaban pasar la claridad del amanecer. Salí a la calle. Mi aliento se perdía en volutas que se desintegraban lentamente. La lluvia me trajo a la memoria aquella vieja película que incitaba a bailar bajo ella. No estaba segura, pero habría afirmado casi sin titubear, que lo que me hacía sonreír era la ausencia en lugar de la presencia de ese abrazo agónicamente sudoroso, de esa complacencia por la exposición pública del dolor que provoca en otros. 

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