sábado, 14 de noviembre de 2015

Memento

La realidad es una mentira con la que pretendemos endulzar nuestra mirada. La cuestión es hallar el término medio, ese punto que se escapa en la mayoría de las ocasiones y en multitud de situaciones. No obstante, el equilibrio no parece ser fuerza suficiente para acallar la desidia. Nos desprendemos de todos esos momentos que engrosan nuestra biografía porque se dijera que no nos conducen a ningún lugar, no nos impulsan en pos de un objetivo, aunque no lo tengamos claro o ni tan siquiera nos lo hayamos planteado. Es ese trazo de lo trágico e inalcanzable lo que nos revuelve las entrañas tornándonos seres rebeldes que nunca logran saciarse. Y atrás quedan los que hay, los que desdeñamos porque nos negamos a ayudarlos a crecer, a evolucionar, creyéndolos mustios como una flor que va derramando sus pétalos secos y que maldecimos porque nos afea el jardín. No se trata de borrar el pasado y obviar el futuro y resignarnos a no explorar en la continuidad el sendero que se abre, haciendo nuestra esa filosofía de lo importante es el presente.

PASADO
El hecho trágico, el dolor que ennegrece el alma y se cuela por las rendijas carcomiendo todo lo que creí seguro.
PRESENTE
El dolor, la búsqueda del porqué, del quién. La construcción minuciosa de un plan que minimice el daño recibido.
FUTURO
La realización de la venganza que ha dado sentido a mis últimos días.
*****
Estoy aparcada frente a su casa. Ha anochecido. He permanecido horas en la misma posición mirando al vacío. Llevo meses sin dormir y no es tu cuerpo enredado entre mis piernas el que causa el desvelo. Las luces de la vivienda se encienden. Cobra vida. Esa que a mí me arrebataron. Tampoco yo lo estoy ya. En el sillón del copiloto el metal de una pistola refulge tentador con el reflejo de las farolas. Tras mucho cavilar y andar la conseguí. Será el fin. Si llamo a esa puerta y la uso, habré puesto fin a mi existencia de fantasma. Comienza a llover suavemente. Hace frío. Tengo frío desde que tus brazos dejaron de cobijarme como en una hamaca de sueños que se proyectaban en el cerebro como malabares alumbrando a la fantasía. Sé que no es esto lo que quieres. Jugamos y perdimos. Yo perdí el ritmo de aquella danza. Ahora me queda el silencio que ahogaré con el estruendo de la violencia. Salgo del coche y me dirijo despacio hacia la vivienda aferrada al arma. Es fácil. Solo hay que llamar a la puerta.
*****
Ha sonado la última llamada. Estoy a dos pasos de rebasar la puerta del avión. Atrás quedan el charco de sangre y el rictus de terror y dolor. Ante mí se extiende el culmen de mi resarcimiento. La impunidad. Otra identidad, otro lugar. Cero arrepentimiento. Mi equipaje está repleto de tu recuerdo. Andarás conmigo para siempre.

4 comentarios:

  1. Magistral, María Jesús. Me encanta la sobriedad casi científica con la que has escrito este relato. Enhorabuena. Un beso muy grande

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    1. Gracias Ana por tu visita. Me alegra que te haya gustado y tan buena consideración. Un beso y un abrazo, amiga!!!

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  2. Un texto denso, complejo y contundente. Lo he tenido que leer varias veces para impregnarme de él y lo he logrado. Tienes un estilo que ya me resulta inconfundible. No sabría definirlo porque no tengo la preparación ni los conocimientos necesarios para ejercer de crítico literario. Salvo alguna excepción, los relatos que he leído hasta ahora están llenos de sentimientos ocultos que vas desmenuzando poco a poco y que hay que leer con cautela para captar su verdadero sentido.
    En definitiva, un texto muy bien elaborado.
    Un abrazo.

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    1. Gracias por tu visita, Josep. Me alegra que te haya gustado, a pesar de la dificultad.
      Abrazo!!!!

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