domingo, 6 de septiembre de 2015

La apuesta 9

Una vuelta a casa, un inciso, un paseo.

Las calles se habían ido quedando vacías sin que me percatara del rumbo que había tomado. Ya casi no quedaba rastro de vida, del mismo modo que el alcohol había ido dejando paso a una extraña sensación de lucidez. Cuando había soltado todas aquellas palabras no les había dado sentido, ni siquiera era consciente del discurso que había construido. Lo cierto era que no me arrepentía de lo que había y como me había sentido las últimas horas si obviaba la borrachera, la resaca y la dichosa competición. De repente me había encontrado con una persona diferente en el espejo. Una que hacía frente a sus miedos y se hacía dueña de su cuerpo y de su sexualidad. Pero toda esa furia desarbolada no era más que un espejismo. En unas horas, en cuanto pasara la noche, toda mi valentía quedaría reducida a una jaqueca que me impediría razonar con lucidez.

Entré en el portal de mi casa y subí los tres pisos hasta mi vivienda por la escalera. Era una manera un tanto absurda de evitar pensar, sobre todo porque nunca funcionaba. A pesar de la trifulca que había acontecido unos minutos antes en el bodegón, yo no podía reprocharle gran cosa a Ruth. Había entrado en un momento un tanto desordenado de mi vida, pero no había podido evitar caer ante su energía y completa falta de sentido de la derrota. Pero esas mismas virtudes podían llegar a convertirse en defectos cuando chocaban frontalmente con los deseos de otra persona, y eso, entre otras cosas, había terminado separándonos. En la actualidad, cada día que pasaba se fortalecía la idea en mí de que era prácticamente imposible tener una relación sana con determinados sujetos, eso conllevaba el añadido de una amistad posterior sin hacer concesiones, como en este caso. Sin embargo, ceder a los caprichos de mi ex resultaba agotador. Se había empeñado en verme como una extensión de su persona que usaba a su antojo.
Cerré la puerta de mi ático y me empapé del silencio reinante. Me había desgastado prolongando sus privilegios sobre mí. Había tardado demasiado en poner un límite. Y ahora no estaba ni un diez por ciento segura de que funcionara.
Todas aquellas tribulaciones rondaban mi cabeza mientras intentaba dormir, acrecentando la congoja y los niveles de ansiedad, hasta que finalmente el cansancio terminó por vencer al desvelo.
Al día siguiente mi cuerpo pesaba el triple. Me movía renqueante, retrasando la hora de salir a la calle. El móvil había sonado unas cuantas veces desde que lo había encendido, pero no me sentía con la energía suficiente como para contestar. En la bandeja de entrada del correo electrónico se acumulaban correos de extrañas que creían ser dignas candidatas de aquella estafa que había ideado para ganar una apuesta que no recordaba y que cada vez veía más absurda. Los ignoré, al menos por el momento.
Me obligué a salir a la calle. Era temprano aún, la ciudad apenas si comenzaba a despertar. Pero aunque hubiera decidido levantarme más tarde no habría sido capaz de dormir más. Así que me dejé guiar por la brisa fresca del otoño, disfrutando de un paseo, sin ser consciente de ello. Evité el recorrido habitual y mis pasos me condujeron hasta un parque que no solía visitar, al menos no últimamente, tras comprar un café largo y cargado. Me senté en un banco y dejé vagar la vista con la misma desgana con la que había despertado. Los individuos que corrían por sus senderos me recordaron cuando era una mujer sana y hacía lo propio. Había cambiado aquella afición por el gimnasio donde había conocido a Ruth con la idea de que me dejaría más tiempo libre. Sin embargo, terminó por no dejarme ninguno cuando comenzamos nuestro romance, al punto de que también tuve que abandonarlo. Al terminar la relación intenté retomar mi afición, pero mi falta de entusiasmo proveniente en gran medida de la tristeza que me acompañaba esos días, terminaron por dar al traste con el intento. Ni siquiera aquella chica que solía acudir en el mismo horario que yo y que vislumbré a lo lejos en ese instante, consiguió animarme.
Resultaba extraño pensar, incluso para mí, que había épocas en las que las ilusiones no motivaban el impulso de nuestros días. Mas si tenía en cuenta que aquella se me antojaba lejana dada mi completa torpeza en cuanto a estrategias de seducción se refería. Todas las ideas que se me ocurrían quedaban inmediatamente olvidadas, fingir una caída, un calambre o cualquier otra artimaña parecida, ya que conociéndome, el resultado que obtendría sería que acudirían a socorrerme todos los transeúntes excepto ella. Pasar a su lado y sonreír a la espera de una respuesta positiva por su parte, se me antojaba ridículo, nunca me atrevería a ir más allá. Seguirla hasta su casa para dejarle una nota, me descubriría o acabaría pensando que era una loca acosadora.
La observé mientras se acercaba y  se adentraba en el sendero en el que me encontraba. Cruzamos las miradas sin sonreír. Tal vez me recordaba. Fuera como fuera, su silueta fue empequeñeciéndose hasta perderse de mi vista. Iba a ser un día muy largo, repleto de sombras y fantasmas del pasado.

6 comentarios:

  1. me gusta. odìo a los fantasmas del pasado, mejor dejarlos atrás.

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    1. Gracias Ripley por pasarte. Esos cuanto más lejos mejor.
      Abrazo!!!!

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  2. No sé si te he dicho alguna vez cómo me gusta el intimísimo que impregna tus historias y la forma que tienes de profundizar en los sentimientos. Te felicito, María Jesús y te mando un abrazo

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    1. Gracias por pasarte Ana. Esta historia es más bien jocosa, pero me ha salido un capítulo bastante intimista, como bien dices. Me alegra mucho que te guste.
      Un abrazo fuerte para ti y feliz semana.

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  3. Amores fallidos, frustraciones que no nos dejan ser felices al completo, obsesiones que nos inquietan. Una vida un poco azarosa y con muchos altibajos me parece que tiene y ha tenido tu protagonista.
    Como he estado largamente desconectado, por culpa de la ineptitud de algunos reparadores de ordenadores, creo que me he perdido más de un capítulo. No obstante, la lectura de este fragmento me ha resultado muy interesante.
    Un abrazo.

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    1. Gracias Josep por pasar. Lo cierto es que esta es una historia de hace algún tiempo que dejé apartada y he retomado hace poco. Mi desconexión es por falta de tiempo. En cualquier caso me alegra que estés de vuelta y que te haya resultado interesante el capítulo.

      Un abrazo y feliz semana!!!!

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