domingo, 30 de agosto de 2015

Premio Liebster Award


Me siento muy feliz por haber recibido este premio, que valoro doblemente porque proviene de una compañera bloguera, María Campra Peláez desde su blog Escritora Mamá.

jueves, 20 de agosto de 2015

Ambivalencia

Me adentré en el local que me había sugerido mi amiga Marta,  intentando llegar a la barra, mientras mis pupilas se adaptaban a la penumbra azulada, sin tropezar con los individuos que casi lo llenaban a pesar de ser una hora temprana. Estaba de moda. Me coloqué en un discreto hueco del lustroso mostrador y pedí la primera de varias copas, con la idea recurrente en la mente de que aquella visita era tiempo perdido, ella ni siquiera aparecería. Aquella treta consentida, convertida en costumbre, quedaba siempre perdonada con la socorrida justificación de que la compañía acababa asumiéndose como pareja y ya era hora de que abandonara mi ostracismo y saliera al mercado. Yo aceptaba, incapaz de explicar nuevamente que, por muy novedoso que resultara el lugar y por mucho que la apariencia de la concurrencia prometiera una diferencia, no llegarían a materializarse de forma positiva. Conforme avanzaba la noche, esa idea se hacía más patente y, en el inicio de la tercera copa, decidí que por muy moderna que resultara la clientela y por muy de color de rosa que viera la escena por causa del alcohol, me iría al terminarla.
Me restaban dos sorbos en el vaso cuando la insistencia de una mirada enmarcada en un rostro ambiguo me obligó a levantar la vista. Por un instante y, a pesar de la leve sonrisa de intriga y deseo - yo apenas sonrío ya - tuve la sensación de estar ante mi reflejo. Su aspecto andrógino imposibilitaba desvelar su sexo. Tal vez no lo tenía, como los ángeles. Yo me decantaba por la ambivalencia. Observé sus andares felinos, que tampoco le delataban, hacia una mesa concurrida donde dejó tres copas, y su inmersión en la pista de baile donde me dedicó una danza prendida de movimientos etéreos cargados de promesas de placer e intensidad incorpóreos. ¿Quién podía negarse a la invitación de descubrir en la profundidad de cada sensación dérmica qué había bajo aquellas ropas? Yo no. La intensidad de la música y la congestión de la pista se esfumaron ante tal visión, momento mágico que rompió el barman con su solícita oferta de una cuarta copa. Acepté. No era tiempo de marchar aún, porque aquella figura indeterminada avanzaba hacia el hueco que había quedado libre a mi lado. Pidió una bebida y se acercó con sigilo a mi oído. Contuve la respiración esperando una frase recurrente que me despertara del ensueño como una bofetada. En su lugar me susurró con un sutil roce de los labios en el lóbulo de la oreja:
- En casa me gusta vestir de mujer.- Espiré con una sonrisa aquella era una excepción al casi - y le contesté a la misma distancia.

- En casa tendrás que descubrir de qué me gusta vestir.

Relato para el concurso de "Fantasías Textuales" de: El Círculo de Escritores

martes, 4 de agosto de 2015

Juego

Trae la brisa cálida
El recuerdo de un juego
Enquistado en el olvido
Que se diluye
Con palabras pronunciadas
Como cometas.

domingo, 2 de agosto de 2015

Voz

Y es mi alma vieja y cansada
La que cae abatida sobre el sillón
Al recordar una voz tejida
En instantes imborrables.

Vacío

En esta noche en la que no puedo dormir
Las sábanas contra las que lucho, me engullen
Hacia la derrota ineludible del vacío
Recordándome que vivo atrapada en una sentencia
De cadena perpetua de no realización

Sueños que se escapan como las horas sin descanso.