viernes, 24 de julio de 2015

El callejón felino 2

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Un contenedor bajo la lluvia.

Esperé un tiempo prudencial bajo el alpende, sin hacer movimiento alguno ni fumar. Todo alrededor había quedado en silencio, salvo por el traqueteo incesante de la lluvia que caía sin piedad. Las luces de las viviendas se habían ido apagando, sumiendo al callejón en una penumbra rota únicamente por las siluetas fantasmagóricas que emitía la luz de la calle principal.


Comencé a deslizarme lentamente con mi espalda lo más próxima posible a la pared. No quería que nada me sorprendiera con la guardia baja o desde algún punto que quedara fuera del alcance de mis ojos, así que avancé de forma sigilosa, sin ponerle importancia a la suciedad que resbalaba por los muros, una pátina babosa que ignoré, porque la vida no tiene precio, ni siquiera el de la tintorería. Mis progresos eran lentos pero seguros. Aquel recipiente que intuía verde oscuro, tal vez en combinación con gris, se encontraba a tan solo unos pasos desde mi posición.

Me coloqué en un lateral desde el cual podía controlar la entrada del callejón, manteniendo el tipo mientras la lluvia caía incesante estropeando mi recién estrenado corte de pelo y marcado, respiré profundamente para mantener el aire ante cualquier pestilencia, y abrí la tapa del depósito de basura dispuesta a encontrar cualquier cosa. Y cualquier cosa se manifestó, provocando que diera un respingo y soltara la tapa de repente, cuyo estrépito no llegó a oídos de los vecinos porque la lluvia y las ventanas selladas lo amortiguaron.

La escena que se mostraba ante mí era digna de cualquier película terrorífica que pudiera haber visto en mi vida. Sobre un amasijo informe de bolsas y restos yacía el cuerpo de un hombre que, sin duda alguna, había sido guapo y con el que se habían ensañado violentamente intentando borrar los vestigios de su condición humana. El rostro ensangrentado y deformado por el rictus de dolor que había padecido constituía solo un síntoma, ya que al deslizar la vista por el resto de su anatomía pude comprobar que le habían cortado todos y cada uno de sus dedos. El bloqueo que sufrí ante tal espectáculo fue más poderoso que el impulso de vomitar.


Permanecí en la misma posición, perdida la noción del tiempo, hasta que el frío me devolvió a la realidad. Cerré la tapa con el mayor sigilo posible y me alejé de aquella pesadilla olvidando una de las premisas fundamentales: borrar mis huellas. Caminé hacia la seguridad de mi apartamento, mirando compulsivamente sobre mis pasos, con el pensamiento recurrente de quién alimentaría ahora a mis queridos felinos. 

2 comentarios:

  1. Una continuación que aumenta aun más el nivel de suspense, dándole un toque macabro propio de la novela. Seguiremos los pasos de la aprendiz de detective, a ver dónde nos llevan.
    Me ha resultado una lectura muy entretenida.
    Un abrazo.

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    1. Gracias Josep por tu visita y tus palabras. Me está gustando esto del suspense últimamente. Me alegra que te resulte amena.
      Un abrazo.

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