viernes, 31 de julio de 2015

El callejón felino 3

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Una vuelta a casa desesperada.

Tras doblar la primera esquina al salir del callejón, algo en mi mente me impulsó a cambiar el rumbo y dar un rodeo, aunque supusiera continuar mojándome bajo la lluvia, antes de volver a casa. Aceleré el paso mientras me alejaba de mi manzana, hostigada por la idea de cómo unos minutos podían convertir una existencia apacible y cómoda en una auténtica paranoia. Yo ya era un tanto obsesa de por sí. Siempre me repetía a mí misma que por esa razón me cuadraba tan bien aquel papel que mi mente había urdido a través de los años. Sin embargo, en esta ocasión, el peligro era real y podía conducir a una auténtica aventura, si no tragedia.

La apuesta 8

Nota: continuación de esta historia que tenía un poco apartada. No sé si sus seguidoras lo continuarán siendo del blog, pero no la he olvidado ni mucho menos desechado. Abrazo!!!!
Unas copas y una ocupa.
Volví a la mesa. Era consciente de que mi cara de desconcierto me delataría. Podría haber desaparecido sin más, dejar a Ruth mirando y admirando el panorama, las escenas que se desarrollaban a su alrededor, los personajes, un personaje. Antes si quiera de visualizarla ya sabía la cara que tenía, aquella de esta chica me gusta a rabiar porque no me hace caso, pero voy a conseguirla. Y yo llegaría con un nudo en la garganta marcado por la felicidad de una declaración espontánea y por la lástima que sentía por mí misma ante mi más que certera y necesaria renuncia. Qué otra cosa podía hacer. Sabía con milimétrica exactitud que la camarera no caería en las redes de mi amiga. Sin embargo, ella no lo sabía, ni siquiera lo creería si se lo comentara. Se reiría en mis narices si osara relatarle lo que había vivido en el baño. Me espetaría que en el hipotético caso de que fuera verdad, habría sido gracias a ella que esa posibilidad existiese, ya que había descubierto no solo el bar, sino también la camarera. Así pues, quedaría a la altura de una oportunista que habría conseguido un ligue fácil por su cara bonita porque no tenía capacidad de engatusarla, mucho menos retenerla.

sábado, 25 de julio de 2015

Concierto

Me sentía excitado. De nuevo palpitaba como en mis mejores días. Me habían instalado en un cuerpo joven que se recuperaba rápidamente. Me resultaba imposible describir la belleza de volver a tener sensaciones, emociones, sentimientos. Todos los pasos que dábamos al unísono, cada pequeño detalle que se revelaba en el entorno, producían aquel baile de cambios de ritmo constantes que creí perdido para siempre.
Ahora ese descanso en la sobremesa no será una simple siesta, será un sueño compartido. Ella yace a mi lado, al fin, con el rostro sereno y la oscilación acompasada de su respiración. Me habla amodorrada de cómo ha sido su día en el hospital, entre operación y operación. Me conmueve con sus palabras que hablan de planes futuros, cuando esté completamente recuperado, ajena a la oscuridad que alberga este viejo corazón. He de recordarles a conciencia y raciocinio que mantengan la serenidad, nadie ha abierto una investigación.
 Mi compañera y yo nos dormimos con el sonido de la radio de fondo: la policía da por concluida la operación especial organizada como consecuencia del aumento de accidentes en las últimas semanas



Microcuento para el concurso de "Microterror III" de: El Círculo de Escritores

viernes, 24 de julio de 2015

El callejón felino 2

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Un contenedor bajo la lluvia.

Esperé un tiempo prudencial bajo el alpende, sin hacer movimiento alguno ni fumar. Todo alrededor había quedado en silencio, salvo por el traqueteo incesante de la lluvia que caía sin piedad. Las luces de las viviendas se habían ido apagando, sumiendo al callejón en una penumbra rota únicamente por las siluetas fantasmagóricas que emitía la luz de la calle principal.

Desconcierto

Los ojos miraban al frente en una visión bidimensional, incapaces de diversificar la panorámica, focalizando el mismo punto desde que habían caído. No podían encontrar una explicación, por mucho que intentaran comunicarse con el cerebro, que relucía por el esfuerzo de su desesperado intento de enviar señales a todos sus miembros para poner orden sin resultados positivos. Todos permanecían desperdigados, inmóviles, sin vida, desprovistos de conexión nerviosa con su centro de inteligencia. Era pues yo, iluso corazón, el que resistía latiendo débilmente, feliz en la libertad de mis emociones, sin la pesada carga de la severidad de conciencia y raciocinio, quien me aferraba a la fuerza de un sentimiento, repitiéndome que había valido la pena un acto tan descabellado, mientras unas amables y bondadosas manos me introducían en una cajita.


Microcuento para el concurso de "Microterror III" de: El Círculo de Escritores.

jueves, 23 de julio de 2015

Un año de historias.

Hoy hace un año que este blog cobró vida. Lo abrí por una razón muy sencilla, un espacio propio en el que expresarme y poder compartirlo. Se ha mantenido en el tiempo porque sigo creyendo en eso y por las personas que lo han acompañado desde el principio, que ya me leían antes, las que han ido apareciendo, aunque algunas lo abandonaran; por los que comentáis y hacéis más agradable y menos solitaria esta afición literaria; por los que habéis compartido un enlace en vuestra lista de blogs; por todos los que dedicáis un rato de vuestro tiempo a leer.

Un abrazo!!!

jueves, 16 de julio de 2015

El callejón felino 1

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El callejón felino.

Desde pequeña siempre había soñado con grandes aventuras que experimentar, misterios que desvelar, andanzas llenas de acción y peligro. Había crecido fascinada por la elegancia de aquellos actores de los 30, los 40 y los 50 que nos inducían a soñar que cualquier situación, por inverosímil que pareciera,  era posible. Así aprendí, en un viejo televisor en blanco y negro, que a veces perdía el volumen y, ya algo más viejo, también la imagen, que en la mente todo es posible, igual que en aquella caja gigante.
Más tarde llegaría la adolescencia y, con ella, la revolución hormonal y el tecnicolor. Sin embargo, las miras no cambiaron, aunque sí las formas. Seguía manteniendo ese oscuro objeto de deseo en representación fílmica, a la que se iban añadiendo nuevos personajes heroicos como espías, investigadores privados, inspectores venidos a menos y, claro estaba, los antihéroes, aquellos caracteres oscuros y siniestros que se escondían, habitualmente, en una ambivalencia con respecto a sus vidas, con una vertiente pública intachable y otra reservada y enigmática.

domingo, 12 de julio de 2015

Y ahora que somos normales, qué nos queda?



NIEVE SOBRE AGUA.
No son estos tiempos para gente sensible. En realidad no sé si lo habrán sido en algún momento de la historia o lo serán en el futuro. No es este un mundo para participar en él abiertamente y que cada palabra, cada acto sea despreciado por aquellos que han dejado crecer la indiferencia y la soberbia en sus corazones. Son universos paralelos y contrapuestos.
Y yo sigo caminando por estas calles donde los copos de nieve se sumergen sobre los charcos que la lluvia ha cimentado. Mi piel se ha transformado en pálida transparencia camuflada tras el líquido helado que lo envuelve todo a su paso. Mis esperanzas, mis deseos, mis ilusiones se han deslizado torrente abajo hasta perderse por las alcantarillas. No tengo más espacio en el que expresarme y al que agarrarme que un papel que poco a poco se va humedeciendo y pierde consistencia. Los trazos de tinta se deslían formando borrones en los bolsillos de mis pantalones, en el fondo de mi bolso. ¿Qué palabras puedo usar? ¿Cómo expresar que un anhelo frustrado atenaza mi garganta?
Te encontré, en un día tormentoso, agazapada en un portal, huyendo de las miles de gotas que caían, del frío que dibujaba nubes de vapor surgiendo de las piedras. Soltabas palabras intentando que el silencio no incomodara en aquella ocupación imprevista. Tus ojos brillaban cuando comentaba emocionada la belleza de la estampa que contemplábamos ante nosotras.

Ahora vas y vienes. Te encuentro y te pierdo. Hoy que ya no sé vivir sin esa sensación equidistante que nos ha unido unos instantes como dos rayos que brotan de la misma nube y mueren entrelazados. Ansío esa nieve helando mi cuerpo de lluvia unos segundos hasta diluirse y confundirse conmigo.

jueves, 9 de julio de 2015

Eterna espectadora


Recordé, mientras le escribía pensamientos de tonta enamorada a alguien que salió de mi vida de la misma manera que había entrado, a hurtadillas, mientras observaba ensimismada la luna llena reflejarse con intensa alegría en fusión armoniosa con el mar, aquellos tiempos en los que no era inspiración ridícula, ni siquiera pañuelo de sentimientos y esfuerzos desenfocados. Me venía a la cabeza tan vívida como si estuviera ocurriendo en aquel instante, en las noches veraniegas de calor sofocante, cuando soplaba el viento seco y polvoriento del este, cuando nadie quería irse a dormir porque era una pérdida de tiempo entre vueltas y vueltas en la cama, ese círculo mágico que era capaz de alumbrar hasta el más recóndito lugar de la finca en la que nos perdíamos horas y horas, jugando a nada y a todo lo que nuestra imaginación nos revelara. En esas noches nos podíamos adentrar en ese espacio, que se tornaba mágico, con una luz brillante, pero no cegadora, con tonalidades que despertaban la fantasía aún más. Podíamos aventurarnos en la fascinante naturaleza nocturna, como si nos hubiéramos convertido en adultos de repente, y explorar lo que ya conocíamos de sobra con la sensata luz del sol. Éramos dueños de la noche bajo esa sonrisa perenne de vigilante benevolente. Nada nos podía detener, ni el calor, ni el sueño, ni el cansancio, ni la autoridad de nuestros mayores.

Ahora en la distancia temporal me conmueve su belleza en cualquier fase, incluso cuando le roba protagonismo al hacedor de su fascinante halo. Tiene significado más allá de cualquier canto u homenaje lírico, de cualquier desprecio de mentes obtusas y primitivas. Me acompaña sí o sí con su incansable presencia y me arranca sonrisas furtivas que solo el viajero incansable es capaz de comprender como parte de su insignificante y pasajera existencia.

Publicado en Territorio de escritores para el reto de la imagen: Mi luna, lunera...

viernes, 3 de julio de 2015

Desde la ventana de la discreta

La televisión se había convertido en un hilo musical de fondo en aquella madrugada calurosa de agosto en la que no conseguía conciliar el sueño de manera definitiva. Rara vez encendía aquel aparato, pero últimamente me hacía compañía en las largas noches insomnes. Lo cierto era que, en aquella, la intriga de una de mis películas favoritas había atrapado mi atención hasta el final y había conseguido que viera un programa completo sin dar cabezada alguna. No recordaba cuántas veces había visto La ventana indiscreta, pero no me cansaba. Cada visualización me descubría nuevos detalles, hasta el punto de que se había convertido en una especie de reto diseccionar la trama exhaustivamente. Esa particularidad tampoco constituía un gran descubrimiento, cada época de la vida venía envuelta en su propia realidad, alegrías y desvelos que nos influían a la hora de afrontar desde lo más simple a lo más complejo. ¿Por qué iba a ser diferente respecto a una película? Cada preocupación cotidiana conllevaba que la atención se centrara en ciertos aspectos en lugar de otros. Sin embargo, aquel pase, en esa época, estaba cargado de significación y simbolismo. Había sufrido un pequeño accidente, más bien tonto, mientras practicaba deporte y, aunque no llegaba a rotura, el médico que me había atendido ese día debía haberse levantado con muy mal pie el mismo y había decidido que era mejor inmovilizar la pierna hasta por debajo de la rodilla. Así que me había resignado a deambular por, el que ahora me resultaba diminuto, apartamento dedicándome a todo lo que durante mucho tiempo había criticado, eso incluía ver televisión. Al menos ahora podría hablar con propiedad habiendo experimentado de primera mano el tipo de vida que tanto me enervaba de otros seres humanos.