sábado, 20 de junio de 2015

Caracoleando


El sol apenas es aún una amenaza en el horizonte cuando desciendo por las callejuelas durmientes en dirección al parque que encumbra el este de la ciudad. No he dormido en toda la noche. Mi cuerpo se arrastra inventando motivos para continuar enlazando un paso tras otro. El relojero se afana tras el cristal de la ventana con su ojo de lupa y sus diminutos artilugios amenazando con escurrirse de sus artríticos dedos. Él tampoco parece haber dormido. Engaña al tiempo retorciendo maquinarias ignorando el café humeante a su lado.
Diez metros más adelante una reja chirriante convulsiona el silencio, desprendiendo indolente cientos de minúsculas gotas de rocío que flotan en el aire antes de precipitarse y explotar al entrar en contacto con el suelo. Alimentan los pequeños charcos que se han formado con la ligera llovizna de la madrugada.
Un gato contempla la calle desde su cálida guarida, pendiendo en grácil equilibrio en el alféizar, ajeno al peligro de un traspiés. Sus ojos brillantes y cristalinos retan a los segundos con su espaciado pestañeo. Solo un largo bostezo lo delata en su pose indiferente de mago taxidermista.
Al final de la calle se vislumbran las puertas abiertas del parque, tras las que las hojas lanzadas al aire sin miramientos en ráfagas se apresuran a caer ordenadamente en un montón para dejar de ser zarandeadas.
Me adentro en los senderos más tranquilos, en busca de una cálida alfombra desde la que detener el tiempo sin éxito. Sobre el césped húmedo un caracol se desliza dejando un rastro de baba que se confunde con el rocío. Sigue su camino ajeno al tiempo, remontando obstáculos a su ritmo alertado por sus antenitas en movimiento constante. Allí debía encontrarse sin duda el secreto de la percepción del tiempo. Aquel diminuto amigo que ignora el entorno más allá de lo que de vital importancia constituye para su supervivencia, avanza con su reluciente caparazón, desvinculado del pasado y del futuro. ¿Le palpitará el corazón descontrolado ante el peligro? ¿Será consciente del final de su existencia?

Me recuesto en el suelo, observando las maniobras del caracol de cerca, intentando no sucumbir a la sombra del cansancio, feliz de haber encontrado esa máxima de la felicidad que es disfrutar del presente en un personaje tan corriente. Como trabajo de campo, me impongo el experimento de no cronometrar el paso del tiempo, de ignorar la pesada losa de los recuerdos positivos y negativos, de no ansiar la llegada del futuro con el pensamiento de mil proyectos por llevar a cabo. Una tímida baba se desliza por la comisura de mis labios que sonríen satisfechos.
Relato publicado en EL CÍRCULO DE ESCRITORES para el concurso "La máquina del tiempo".

4 comentarios:

  1. Muy bueno, Skuld. Seguro que hay muchas interpretaciones sobre el relojero (frenético control del tiempo), el gato (vive en más mundo y aún así bosteza) y el caracol (la calma, CARPE DIEM). Me ha parecido maravilloso, poético y lo que más me ha conmovido es que he estado este rato paseando después de una noche sin dormir en esa calle y me has dejado descansando con la baba fuera. Muchas gracias y un placer :) Abrazo, Poeta Presente

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    1. Muchas gracias Ana Lía por tu visita y por tan amable comentario. Me alegra mucho que te haya gustado.
      Un abrazo y muy buen domingo!!!

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  2. No sabría decir si se trata de prosa poética o poesía hecha prosa. El caso es que el estilo narrativo crea una atmósfera cálida que te arrastra a lo largo de esta corta historia de sucesos aparentemente rutinarios y que, sin embargo, contienen un sinfín de connotaciones. Un bello relato que invita a la reflexión de lo que es y cómo sentimos el paso del tiempo.
    Un abrazo.

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    1. Supongo que la rutina tiene ese poder de detener el tiempo como si se viviera el mismo momento una y otra vez, puede que por eso nos cueste tanto disfrutar del presente, caminamos como si fuéramos autómatas. Sin duda, contemplar todos esos detalles hace el camino menos monótono, solo hay que cambiar la forma en que miramos.
      Gracias por tu visita Josep y tus amables palabras.
      Un abrazo!!!

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