sábado, 20 de junio de 2015

Caracoleando


El sol apenas es aún una amenaza en el horizonte cuando desciendo por las callejuelas durmientes en dirección al parque que encumbra el este de la ciudad. No he dormido en toda la noche. Mi cuerpo se arrastra inventando motivos para continuar enlazando un paso tras otro. El relojero se afana tras el cristal de la ventana con su ojo de lupa y sus diminutos artilugios amenazando con escurrirse de sus artríticos dedos. Él tampoco parece haber dormido. Engaña al tiempo retorciendo maquinarias ignorando el café humeante a su lado.