viernes, 15 de mayo de 2015

Augusta 7

Todo tiene un porqué. Más allá de un principio y un fin. El universo se alía para darnos lo que nos falta; nos procura la senda para deshacernos de lo que nos sobra. Pero somos seres soberbios e insatisfechos por naturaleza.

La realidad es simple. Se torna compleja en nuestra mente. ¿Es nuestra mente complicada?  ¿O buscamos en la complejidad una forma de superar nuestra insignificancia?
La naturaleza me ha concedido un don. Mi sensibilidad se expresa a través de las letras. Yo lo desprecio. Deseo ser un ente normal. Realizarme en la simpleza. El amor es el comienzo. Mis dedos han abandonado el frío teclado. Surcan un cuerpo. Escribo en él. Creo en la belleza simple que nos ha unido, que nos conecta. Has simplificado mi existencia.
Aún así no puedo dejar de trenzar palabras en un folio. Extiendo caracteres que retratan sensaciones, sentimientos, anhelos, deseos. Dos horas frente a la pantalla para terminar la realización ficticia de un yo. Provoca emociones intensas. Como tu piel bajo mis dedos.
Lo volvería a hacer. Flotaría entre corrientes hacía ti, buscando un rincón en mi mente que no se resistiera al presente, que no luchara contra el futuro. Danzaría entre la fragilidad de tu voz. Te contemplaría agazapada en la distancia sólo por el placer de que me descubrieras la inocencia de tu belleza, esa que aflora cuando no te sabes observada.
Sigue soñando, Augusta. Apaga la luz del alba. No permitas que la conciencia gobierne tu rumbo. Acalla el impulso de escapar. Duerme.

Para ti, mi paisaje onírico.

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