viernes, 16 de enero de 2015

Monotonías




Me encontré entonces, en medio de aquel océano de silencio y soledad, como si la marea me hubiera arrastrado hasta alta mar, perdida la noción de cualquier dimensión espacio-temporal. Sin embargo, ya nada me retenía en tierra firme, nada podría consolarme en la que se suponía estable, llena de vida, con sus cambios de color, tono, temperatura, tamaño, forma. Ninguno de esos alicientes me servía de consuelo. Ahora, ya era capaz de apreciar el oleaje, cada pequeño matiz en el cambio del azul, del gris, del día y de la noche. Me sentía conforme con mi nuevo entorno.

Me embriagaba la monotonía del aroma que desprendía. Me emocionaba la transformación irisada de la luz al abrazar las diminutas partículas acuosas que se desprendían en cada embate. Caía fascinada por las representaciones que aquel vasto espejo emitía ajeno al efecto que producía. Me embelesaba la inmensidad inabarcable que se extendía delante, detrás, alrededor de mí. Me seducía aquella masa con sus rítmicos cambios, a veces imperceptibles, otras refrescantes hacedores de descanso de la homogeneidad visual, otras temibles capaces de arrebatar la cordura a todos los sentidos.
La única posibilidad que albergaba mi mente de volver al mundo hostil que con tantos sinsabores había conseguido fomentar mi desprecio era embarrancar casualmente en una tierra que en nada envidiara a su alter ego, que en nada me hiciera echar de menos aquella que se había convertido en mi fiel compañera.
PUBLICADO EN: TERRITORIO DE ESCRITORES 

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Somos inconformistas en la resta y en la suma. Gracias por comentar y pasarte. Un saludo.

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