jueves, 29 de enero de 2015

Reinvenciones

      Mientras caminaba bajo la lluvia pensaba en las cosas que he leído, que he oído últimamente, puede quizás que toda la vida. Iba pensando en esa sensación permanente de no encajar. Ahora que he encontrado mi modo de expresión en la escritura, difícilmente me siento cómoda leyendo lo de otros, pero en ciertos momentos coincides, te reconoces en otras letras y dejas de tener la impresión de que el problema es tuyo y es un rasgo inherente a ti, porque hay otros individuos a los que le ocurre igual. Entonces ya da igual que te tomen por loca por andar bajo la lluvia.

martes, 27 de enero de 2015

Ser de tierra.



Martes:
    Se aprende desde el más recóndito de los lugares a amar u odiar la tierra. En el asfalto una pierde el sentido de lo primitivo, del instinto, se ahoga. Desde el fuego refulgente del ocaso, el dorado del otoño acrecienta su vigor hasta el pálido destello del amanecer mojado por el rocío, cualquiera puede convertirse en un ser extraño a sí mismo, tanto como lo era para la naturaleza antes de llegar.

sábado, 24 de enero de 2015

Augusta 3

     En aquel tiempo tomaba decisiones mirando mi vida desde fuera, intentando contemplarla como si no fuera la mía, como si no me perteneciera, como lo hacían los demás. Construía consejos que creía objetivos porque así era como se suponía que las personas que te rodeaban aplicaban sus recetas en la historia de otros, con el único sentimentalismo del aprecio que llevaba al “esto es lo mejor para ti”. Esa era la gran mentira. No era lo mejor para mí porque ni siquiera era objetivo. Era un ardid largamente usado de los que esconden sus miedos tras una opinión que en modo alguno deja de pertenecer al mundo de sus ideas. En cualquier caso se trataba de una simple cuestión de perspectiva. La mía era doble. Veía mi vida con la falsa ilusión del que mira desde fuera con la implicación del que le duele desde dentro.

viernes, 23 de enero de 2015

11° Reto: una canción, una historia.

Había salido a pasear. Sólo eso. Había salido a pasear y a tomar el aire. Caminaba entre árboles jóvenes que lucían orgullosos sus ramas flexibles, sus hojas de verde suave y luminoso. Dejaba atrás el sutil reflejo de las farolas que empezaban a despertar con un brillo tímido, adentrándose en las pasajeras sombras de la caída de la tarde.
Perdió la noción del tiempo envuelta en la imperceptible cálida brisa del comienzo del verano, mientras su mirada ansiaba con vehemencia que aquella estrella no se perdiera en el horizonte antes de que su camino terminara.

Publicado en: Territorio de escritores.

jueves, 22 de enero de 2015

10° Reto: lista de palabras

El café.
Abrió la puerta de la calle y la música del despertar del día, que rompía la armoniosa quietud de la madrugada, la envolvió en el hechizo de aquellas viejas callejuelas de piedra y agua, que guiaban sus pasos libres de impedimenta tras su secreta pasión.
Como cada mañana, la idea del encuentro ante un café, trazaba el sonido de sus tacones como sonetos que describían la experiencia arrolladora de amar, esos primeros instantes en que la mente parecía vivir en un inciso permanente de éxtasis y gozo.
Los exánimes transeuntes, que parecían correr como autómatas trasnochados, angustiados con la idea de llegar tarde a sus ocupaciones, no podían empañar la paz de aquel embrujo en el que vivía.
Traspasó el umbral de la bonita cafetería de los años veinte tal y como era su costumbre desde hacía unas semanas, de camino al trabajo. Allí, tras la barra, estaba su verdad enfundada en una irresistible sonrisa.

Publicado en: Territorio de escritores

martes, 20 de enero de 2015

Augusta 2


   

II
       
       Sonia observaba a la señora Álvarez a través de la ventanilla que separaba el quirófano, donde se recuperaba su perro, de la consulta. Había perdido mucha de la alegría que la había caracterizado todos aquellos años en los que visitaba su clínica con su mascota. Los dos parecían haber envejecido al unísono y súbitamente, aunque la mujer conservaba parte de la fuerza en la mirada que le había caracterizado siempre. Lo curioso de aquella estampa era cómo alentaba la profusión de recuerdos de su relación con Augusta, no porque la mujer que esperaba sentada pacientemente con la mirada perdida en su falda tuviera algún rasgo que se asemejara a su ex compañera, sino porque había sufrido un declive similar.

viernes, 16 de enero de 2015

Monotonías




Me encontré entonces, en medio de aquel océano de silencio y soledad, como si la marea me hubiera arrastrado hasta alta mar, perdida la noción de cualquier dimensión espacio-temporal. Sin embargo, ya nada me retenía en tierra firme, nada podría consolarme en la que se suponía estable, llena de vida, con sus cambios de color, tono, temperatura, tamaño, forma. Ninguno de esos alicientes me servía de consuelo. Ahora, ya era capaz de apreciar el oleaje, cada pequeño matiz en el cambio del azul, del gris, del día y de la noche. Me sentía conforme con mi nuevo entorno.

lunes, 12 de enero de 2015

Compañeras de piso.



En una esquina de la habitación, el perrito de La Voz de su Amo giraba bajo el ritmo creciente del Bolero de Ravel, mientras la muchacha sonreía a ratos al mirar los mensajes que llegaban a su móvil, apoyada en la pared junto a la ventana que soportaba estoicamente el aguacero. Aún era de día, aunque la luz iba decayendo, era lo suficientemente potente como para reflejar en el escritorio desvencijado ríos de sombras acuáticas. Aquella era la habitación de los recuerdos, de ese tipo que no provocaban lágrimas, que traían a la memoria impulsos mágicos en forma de música, de versos, de imágenes, de sonidos, de movimientos. La mesa estaba arañada, por algunas partes la pintura se había descascarillado ligeramente, probablemente con la ayuda de algún mordisco. Sobre ella, el teléfono se iluminaba de forma intermitente llamando la atención. Su sonido era tan suave que no podía competir con el crescendo del bolero. Pero, los destellos eran suficientes para atraer la mirada.

viernes, 2 de enero de 2015

Lánguida



La tarde era extremadamente bella en su simpleza. Uno de esos atardeceres de neutral hermosura y armonía. No hacía ni frío ni calor. Desde el horizonte, los rayos del sol embriagaban con su calidez hasta la brisa que soplaba perezosa desde el mar. Los amarillos, naranjas iban languideciendo en rosas, malvas, púrpuras, sin prisa alguna, engullidos por el mimético océano. Hasta donde la vista llegaba, unos palos se dibujaban en el cielo como si de un recortable se tratara, un velero sin velas desplegadas que dormitaba en alta mar ajeno al transcurrir del tiempo. Las gaviotas se contoneaban sinuosas en una danza aérea silenciosa, parecían haberse contagiado de la dulce parsimonia crepuscular eludiendo sus graznidos. En el malecón, dos sombras se destacaban como en relieve sobre el tenue fulgor del ocaso. Se habían detenido para contemplar el espectáculo, mecidas por el suave vaivén de las olas de los postreros días del estío. En su visión sesgada por el amor, la oscuridad creciente no desvirtuaba el embelesado concepto que el panorama irradiaba. Hasta el suelo de hormigón en el que se habían sentado parecía haberse aliado con sus homogéneas temperatura y textura. Habría sido sencillo dejarse embaucar por la voz de un poeta que envidioso ante tanto esplendor hubiera alentado a la parca en su veleidosa acometida. Sin embargo, sólo habría conseguido avivar la firmeza del sentimiento en lid contra el fatuo destino.