domingo, 14 de diciembre de 2014

La apuesta 7

Confesión surrealista de lavabo.
       Entré en el lavabo y cerré. No era que tuviera necesidad de ir, pero sí de interrumpir por unos minutos la escena del comedor. Me senté sobre la tapa del inodoro y empecé a contar. No sabía hasta qué número tenía que llegar, así que conté los azulejos que embellecían aquellas paredes. Cuando casi había terminado, la puerta de la entrada se abrió y se cerró. Esperé unos segundos más temiendo que fuera Ruth. Sin embargo, su voz no resonó de fondo haciendo tambalear las paredes del baño. Disimulé tirando de la cadena, y me dispuse a abandonar aquel cubículo discretamente. Al salir la imagen de aquella camarera apoyada en la puerta me dejó un tanto pasmada. Su pregunta me desconcertó:
¿Es tu pareja?
- No, no. Es libre, completamente libre.- Me dedicó una sonrisa coqueta y una respuesta que terminó por noquearme, antes de salir de la misma forma que había entrado:
- No es en ella en quien estoy interesada.

La apuesta 6

Despropósitos.
Marta se había marchado. Había pagado la factura, la había ayudado a subir su adorado reloj al coche y había desaparecido calle abajo en su todo-terreno con una sonrisa de satisfacción. Ni siquiera se había dado cuenta de que no llevaba las bragas puestas. En aquel momento, la cuestión que daba vueltas en mi cabeza no era el qué ocurrirá mañana, sino, llevo ventaja. Con Ruth era bastante difícil tener una certeza sobre algo, aquel intervalo resultaba demasiado sospechoso por silencioso, podía estar ocurriendo cualquier cosa. Como habría dicho mi madre, esa chica llegará lejos. ¿Por sus incógnitas? Como habría dicho yo, tal para cual.