lunes, 1 de septiembre de 2014

Reinvenciones



SOLEDAD.
La alegría se fue perdiendo. La sonrisa se iba diluyendo en cien reproches. El cuerpo se movía por inercia. El deseo hacía tiempo que había abandonado la mente. No había asombro ni descubrimiento en ningún movimiento, en ningún viaje, en ningún paseo. Eran pasos que no conducían a aquella luz que quedó atrapada en un pasado sin tiempo. Eran pasos que giraban en círculo para no afrontar el final del camino. Eran pasos oscuros, ciegos, desmembrados.
Horas de soledad reconfortante, buscada, ansiada. Las habría alargado interminablemente. En aquellos segundos que se iban desgranando lentamente me iba cuestionando, para llegar a una conclusión, lejos de la recriminación moralista sesgada de otra. Pero aún no era el momento. Faltaba una larga tarde noche de conversación.

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