lunes, 1 de septiembre de 2014

La apuesta 2



Las bragas y su misterio.

Ruth llegó puntual. Llegó puntual porque no habíamos quedado a una hora en concreto, pero al menos eran horas de comer. Aunque en mi estado actual habría importado poco que hubiera llegado para la cena. Entró con una descomunal sonrisa y una bolsa de comida mexicana. Mis tripas protestaron ante aquella visión, no por hambre, sino por miedo a su gusto por el picante. Mientras servíamos la comida y me aseguraba que no había nada en aquellos envases que pudiera sacarme una sola lágrima, recordaba la infinidad de alimentos exóticos que me había hecho probar desde que la conocía provocándome alguna que otra náusea en más de una ocasión. En cualquier caso agradecí que el contenido de la bolsa fuera reconocible para mí y nos sentamos sin más a dar cuenta de las viandas a la espera de que el natural carácter cotilla de mi amiga aflorara en una pregunta sobre las bragas en el picaporte de la puerta, que sabía que aunque disimulara, las había visto.

- Así que no recuerdas nada de lo que hablamos anoche.- Negué con un gesto porque haber pronunciado aunque fuera un simple monosílabo con la boca llena de fajita por mucha confianza que tuviéramos habría resultado desagradablemente asqueroso.- Pues esas bragas colgando de la manecilla de la puerta de tu dormitorio indican lo contrario. O bien llegaste muy borracha y tiraste la ropa a discreción, y menuda puntería que tienes ebria, o llegaste acompañada, o te las trajiste de recuerdo.- Había tardado mucho en sacar el tema de aquella prenda llena de incógnitas, y no sé que más elementos. Yo no lamentaba tanto su tono irritado y suspicaz como su completa ignorancia de la que había sido portadora de aquel trozo de tela olvidado o sobre cómo había llegado hasta allí.
- No son mías, te lo aseguro. Pero no recuerdo su procedencia.- Sonrió maliciosamente.
- Desde luego que no, tú no tienes tan buen gusto para la ropa interior, bueno, no tienes buen gusto en general.- Enseñé mis caninos en una mueca a modo de sonrisa consciente de que aquel comentario era el producto de una herida en su amor propio fustigado por su espíritu competitivo.- Eso significa que ya no te gano por nada, aunque técnicamente y dado que no recuerdas lo que ocurrió no deberían contar en el cómputo de nuestra apuesta.
- Técnicamente no debería contar nada porque no me acuerdo de que hayamos hecho una apuesta.
- Eso te pasa por beber sin medida.
- Si al menos me dejaras hablar con alguna mujer de las que se me acerca no tendría que recurrir a mis amigas rubias en botella.
- Te hago un favor, sólo se te acercan las locas.- En eso llevaba razón, era proporcionalmente torpe ligando a exitosa atrayendo a especímenes extraños.- En cualquier caso te refrescaré la memoria. Apostamos sobre quién se acostaría con más mujeres en el plazo de tres meses.- No pude evitar una risita sarcástica. Ahora comprendía su malestar. Había hecho una apuesta segura de su ventaja y se le habían desmontado los esquemas de entrada.
- Si hubiera sido sólo de una noche no tendrías nada que celebrar.
- Muy aguda.
- Y qué apostamos.
- Quien pierda tiene que hacer un striptease en el pub de la flaca.- Unas bragas misteriosas, una apuesta teñida de amnesia etílica, una noche sin recuerdos certeros. Y quién podía competir con la diosa del fitness, de metro setenta y cinco, cuerpo escultural, rubia…, ¿Cyrano tal vez?  

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