viernes, 19 de septiembre de 2014

Reinvenciones

HAY PALABRAS QUE SE ENQUISTAN EN EL ALMA DESPERTANDO LA AÑORANZA DEL SILENCIO.

Hubo un tiempo en que aquel día era de celebrar, que tenía significado por sí mismo. Luego aparecieron las dudas, esas que eran producto de otras que se negaban a despejar, a veces con inusitado ensañamiento producto de iras contenidas, producto de no expresarlo y tomar una pregunta como un ataque. Así que aquel día fue perdiendo significado y empecé a comprender que lo mejor era que las cosas tuvieran sentido para mí y no mendigarlo en otros ni tratar de expresarlo infinitamente hasta la saciedad en vano. Esa constante a veces se ha convertido en variable en momentos puntuales derivando en otra constante, la frustración.

jueves, 11 de septiembre de 2014

La apuesta 3


La estrategia.

       Ruth se marchó entrada la noche, después de dar cuenta de toda aquella comida mexicana, hecho que agradecí porque aunque me gustara bastante no me veía en disposición de repetir el mismo menú, más teniendo en cuenta que se había empeñado en demostrarme que la mejor forma de terminar con una resaca era tomar algo de alcohol. Así que mientras ella devoraba lo que había restado del almuerzo, yo bebía para soportar su monólogo interminable con la esperanza de me dejara descansar en posición horizontal con el único sonido de mis pensamientos. Y no era que no la quisiera, pero quería más a mi cama, tanto como odiaba aquella capacidad que tenía para comer y comer sin engordar – que en algún momento había dado pie a la especulación sobre algún desarreglo alimenticio -, y comer y hablar, comer y hablar… sin que le faltara el aire. El avance del tiempo en la relación trajo la lógica del conocimiento, el fitness era milagroso. Aún así yo sólo le seguía encontrando un beneficio, la posibilidad de conocer alguna mujer, y como efecto secundario, una probable mejora del estado físico.

martes, 2 de septiembre de 2014

lunes, 1 de septiembre de 2014

Reinvenciones



OTROS
Con el descenso de la luz de la tarde iba tomando conciencia del lento devenir que induce la mente al cuerpo hacia el infierno. Algunos lo viven día a día, para otros es dejarse ir hacia la muerte; la locura; la desidia y el abandono de lo físico, porque el pensamiento continúa en su andar sigiloso carcomiendo el alma. Para mí era un poco de todo. En aquel proceso el mundo te da sus recetas, deberías consultar a un profesional, deberías salir, distraerte, hacer ejercicio, deberías hablar.
El amor es la realización de un deseo insatisfecho. Sí que era verdad aquello de cuidado con lo que deseas, porque puede convertirse en realidad. Hubo un tiempo en que creía firmemente que sí, que el amor lo podía todo, que una vida normalera el culmen de la felicidad, de la realización. Pero aquella luz que se iba tornando en colores y tonos transgresores airaba al más osado. La observaba con la rabia de quien esconde en lo más profundo el anhelo de la vuelta a casa sin el sacrificio de fingir una sonrisa, un beso, una caricia, un saludo, una palabra cariñosa. Todos aquellos esfuerzos se iban acumulando en una losa de ácido corrosivo que iba destruyendo el optimismo de despertar en la fragancia de una cama compartida, de un café entre risas despreocupadas, de un intercambio de anécdotas que parecían no importar a nadie ya al volver del trabajo, de unos vinos para cenar que habían perdido su poder mágico salvo el de provocar el sueño.
Me había perdido. No entre las calles y las gentes como hubiera deseado. Me había perdido a mí misma. Sin darme cuenta de que la felicidad no es vivir la vida de otros, es vivirla con otros. Pero ese pequeño detalle sólo lo aprendí con el tiempo. Tras caer en picado, tras aislarme, incomunicarme primero involuntariamente, luego ante el odio creciente, la misantropía del que busca y nunca encuentra quien lo entienda, libremente, por propia elección, tras caer en la apatía, incluso en la más básica necesidad de comer, tras ignorar la rebelión del cuerpo, creyendo que efectivamente era producto de mis manías, no de quien me lo inducía, tras cientos de vueltas a casa no anheladas, de querer perder de vista, de no desear, de no comunicar.
Pero aquel no era el momento, aún no. Di cien pasos, mil, un millón en mi mente, tal era la distancia que ella me representaba con lo que debía llamar hogar. Una vuelta de llave, dos. Esa noche sólo apareció la rebeldía de fingir interés por las anécdotas de otros, de los vinos que inducen al sueño silencioso escudado en cansancio.

Reinvenciones



SOLEDAD.
La alegría se fue perdiendo. La sonrisa se iba diluyendo en cien reproches. El cuerpo se movía por inercia. El deseo hacía tiempo que había abandonado la mente. No había asombro ni descubrimiento en ningún movimiento, en ningún viaje, en ningún paseo. Eran pasos que no conducían a aquella luz que quedó atrapada en un pasado sin tiempo. Eran pasos que giraban en círculo para no afrontar el final del camino. Eran pasos oscuros, ciegos, desmembrados.
Horas de soledad reconfortante, buscada, ansiada. Las habría alargado interminablemente. En aquellos segundos que se iban desgranando lentamente me iba cuestionando, para llegar a una conclusión, lejos de la recriminación moralista sesgada de otra. Pero aún no era el momento. Faltaba una larga tarde noche de conversación.

La apuesta 2



Las bragas y su misterio.

Ruth llegó puntual. Llegó puntual porque no habíamos quedado a una hora en concreto, pero al menos eran horas de comer. Aunque en mi estado actual habría importado poco que hubiera llegado para la cena. Entró con una descomunal sonrisa y una bolsa de comida mexicana. Mis tripas protestaron ante aquella visión, no por hambre, sino por miedo a su gusto por el picante. Mientras servíamos la comida y me aseguraba que no había nada en aquellos envases que pudiera sacarme una sola lágrima, recordaba la infinidad de alimentos exóticos que me había hecho probar desde que la conocía provocándome alguna que otra náusea en más de una ocasión. En cualquier caso agradecí que el contenido de la bolsa fuera reconocible para mí y nos sentamos sin más a dar cuenta de las viandas a la espera de que el natural carácter cotilla de mi amiga aflorara en una pregunta sobre las bragas en el picaporte de la puerta, que sabía que aunque disimulara, las había visto.