viernes, 29 de agosto de 2014

La apuesta 1



Resaca.

Me desperté en medio de una descomunal resaca cuando el reflejo del sol en el horizonte era aún un tímido gálibo cercenando la que se me antojaba cálida oscuridad de la madrugada. Más triste que abrir los ojos, no sin dificultad, en aquellas condiciones, resultaba hacerlo en completa soledad, sin nadie a quien recurrir en busca de un gesto mimoso, un café y un analgésico. En aquella penosa situación y posición horizontal, intentaba abrir los párpados alternativamente, sin ser capaz de que los dos se mantuvieran fijos y que las pupilas encontraran un punto de referencia que no pareciera sacado de la noria de cualquier feria festiva. Me incorporé de la forma más digna de la que eran capaces mis maltrechas extremidades, aferrandome a las ropas de la cama en un intento de mantener el equilibrio, aunque por la fuerza que ejercían mis manos mas bien parecía que intentaba que la cama no saliera volando. Una vez que todo alrededor se detuvo, comencé a reptar en dirección a la cocina, tropezando con multitud de prendas de vestir, no recordaba haber salido con tanta ropa encima, pero al menos había sido capaz de quitármela para meterme en la cama. Descubrí unas bragas colgando de la manivela de la puerta. Eso sí resultaba un misterio ya que yo las llevaba puestas aún y aquellas no me recordaban a ninguna de las mías. Claro que en vista de las condiciones en las que me encontraba no era de extrañar que hasta me hubiera equivocado de apartamento.