miércoles, 23 de julio de 2014

Ser de aire



 Ahora lo veía claramente, todo aparecía ante mí sin que nadie pudiera percatarse de mi presencia. La hipocresía en sus rostros, aquellas caras que tantas veces había escudriñado a la luz del día o bajo una tenue iluminación artificial en una calle cualquiera, intentando hacerlas mías. Esa falsedad observada en más de una ocasión era real, era un síntoma claro de su profundo arraigo en prejuicios y temores. Sólo bajo esta no-apariencia pude aclarar lo que antes rondaba en mi mente como simple sospecha, que aquellas arrugas y gestos austeros y mediocres escondían bajo sus pliegues la mezquindad, el egoísmo, la mentira, la impotencia. ¿Todos mentían? Sin duda se engañaban a sí mismos, sobre todo en las ocasiones en las que rehuían afrontar los hechos tal y como eran o arriesgar parte de su bienestar social y personal.