domingo, 14 de diciembre de 2014

La apuesta 7

Confesión surrealista de lavabo.
       Entré en el lavabo y cerré. No era que tuviera necesidad de ir, pero sí de interrumpir por unos minutos la escena del comedor. Me senté sobre la tapa del inodoro y empecé a contar. No sabía hasta qué número tenía que llegar, así que conté los azulejos que embellecían aquellas paredes. Cuando casi había terminado, la puerta de la entrada se abrió y se cerró. Esperé unos segundos más temiendo que fuera Ruth. Sin embargo, su voz no resonó de fondo haciendo tambalear las paredes del baño. Disimulé tirando de la cadena, y me dispuse a abandonar aquel cubículo discretamente. Al salir la imagen de aquella camarera apoyada en la puerta me dejó un tanto pasmada. Su pregunta me desconcertó:
¿Es tu pareja?
- No, no. Es libre, completamente libre.- Me dedicó una sonrisa coqueta y una respuesta que terminó por noquearme, antes de salir de la misma forma que había entrado:
- No es en ella en quien estoy interesada.

La apuesta 6

Despropósitos.
Marta se había marchado. Había pagado la factura, la había ayudado a subir su adorado reloj al coche y había desaparecido calle abajo en su todo-terreno con una sonrisa de satisfacción. Ni siquiera se había dado cuenta de que no llevaba las bragas puestas. En aquel momento, la cuestión que daba vueltas en mi cabeza no era el qué ocurrirá mañana, sino, llevo ventaja. Con Ruth era bastante difícil tener una certeza sobre algo, aquel intervalo resultaba demasiado sospechoso por silencioso, podía estar ocurriendo cualquier cosa. Como habría dicho mi madre, esa chica llegará lejos. ¿Por sus incógnitas? Como habría dicho yo, tal para cual.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Carta sin destinatario

Querido hijo!!!

Al final te cansas de dar, porque no comprendes eso de dar a cada cual en base a lo que se merece, en la misma medida en que recibes, cuando tú sólo sabes darlo todo. Así la coraza se torna infranqueable.
Al final te cansas de ser sincera en tus palabras y callas, porque no sabes ser sincera en la medida que se espera para mantener la amistad.
Al final te cansas de responder al teléfono independientemente de la hora que sea, de estar, de estar, y que sólo te devuelvan vacío, la indiferencia de una mención pública a otros que sí han sabido dar en una medida, ser sinceros en lo que se quiere escuchar, atender cuando quieren.
Al final te cansas de querer porque te das cuenta que tu idea es muy difícil que se vea reflejada en otros y desistes porque no sabes querer a medias.
Al final te cansas de oír "yo soy así, eres libre de escoger" y comprobar que no es válido para otros, de que recaiga la responsabilidad en ti y luego te acusen de alejarte.
Al final te cansas de ver cómo se hacen verdades de mentiras para justificarse, para usar a otros y mantener la cobardía de no mirar nuestra vida de frente.
Y te aíslas, como elección socialmente inaceptable.
Querido hijo, por eso nunca te tuve, porque no habría sido capaz de verte sufrir por no haber sabido enseñarte otros valores.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Ser de fuego

Caminaba entre ríos de lava como si hubiera nacido entre ellos, sorteándolos con increíble destreza, sin dar un paso en falso. Se sentó en una roca cerca del mar a contemplar aquella maraña informe de hilillos que iban perdiendo fuerza en su empuje conforme se desmembraban surcando las formas caprichosas de piedra y se iban enfriando. El agua burbujeaba quejumbrosa ante aquella invasión, defendiéndose con embates que transformaban el líquido viscoso en figuras fantasmagóricas, redondeadas y sinuosas en algunos casos, puntiagudas y fibrosas en otros. A aquel lento caminar le acompañaba el sonido de cientos de diminutos estallidos a modo de queja, del borboteo incesante, del reptar incansable y constante.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Una alegría, una de los cien ganadores del concurso de me gusta escribir, el cuento con más finales del mundo. @mskuuld: Abrí y me encontré con un martes... del futuro lleno de libros que aún no se habían escrito. .
http://megustaescribir.com/noticia/49/ganadores-del-concurso-el-cuento-con-mas-finales-del-mundo-martesmge
Ganadores del concurso el cuento con más finales del mundo. (#martesMGE)

martes, 25 de noviembre de 2014

Reinvenciones

Jamás se perderá ya el único acorde de voz que bramó sincero, aunque el silencio se alce como voluptuoso destierro.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Augusta

Augusta despertó con el sonido seco de un batiente golpeado por el viento frío del norte. Se había quedado dormida sobre el portátil mientras traducía. En la pantalla, que aún permanecía encendida, se sucedían caracteres sin sentido ni significado. Una serie concatenada de despropósitos que habían surgido del apoyo fortuito de su cansancio. La miraba temerosa recordando aquel incidente que la había impulsado a dejar de escribir. Siempre le habían pedido que escribiera en primera persona. La realidad y la ficción se habían confundido. No sabía a ciencia cierta si era en su cabeza o fuera de ella. Si sus personajes vivían o ella los hacía vivir. Con aquel caos había decidido dejar de escribir. Sólo traducía obras que escogía cuidadosamente, en tercera persona, nada de primera, a ser posible ensayo, compendios, narrativas objetivas, nada de historia, nada que la hiciera embargarse de sensaciones ni sentirse identificada.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Aislamiento

Aquel soldado de las palabras se despertó en una habitación hermética con la única compañía del titilar de una bombilla parpadeante. Nunca temió el silencio porque aprehendía el mundo como un lienzo en el que dibujar con trazos firmes lo que sentía. Pero en el vacío de aquellas paredes sintió pavor, no había un solo papel sobre el que desprenderse de las ideas que acallaban la soledad su mente. No encontró ninguna rendija por la que poder enviar una cuartilla inexistente. Intentó rayar el frío metal del que estaba compuesta la celda con una uña. Sólo consiguió un chirrido enervante que se apoderó del espacio hiriendo sus oídos con un dolor agudo. Observó a su anfitriona que le retaba con lumínica condescendencia como si su fulgor fuera producto de sí misma. Un pensamiento tan oscuro como la sombra que proyectaba al chocar contra él nubló su razón. Se abalanzó con guerrera presteza sobre el calor que aseguraba erróneamente su intangibilidad. Con una mano destrozó su orgullosa existencia provocándose otra quemazón, líquida, palpitante, real. Esperó a que sus ojos se adaptaran a la nueva condición que le rodeaba con el sonido intermitente de encarnada generosidad que indujo a brotar con más profusión. Comenzó a esbozar trazos que tenían sentido sólo para él, hasta que cayó en un profundo sueño como nunca le había acogido.

SOLA MENTE
SOLA MENTE
SOLA MENTE
SOLA MENTE
SOLA MENTE
SOLA MENTE

"La vida es un sueño, el despertar es lo que nos mata." Virginia Woolf

sábado, 15 de noviembre de 2014

Palabras

Hoy me he despertado con palabras escritas en un muro; con la impotencia de que la undécima está de más si a la décima no se ha querido entender; con palabras que exigen lo que no se pone en práctica; con palabras compartidas, ante la ausencia, en juicio de valor; con palabras inconsecuentes; con palabras vacías que esconden cobardía; con palabras simples que hacen daño gratuitamente.
Hoy me he despertado con la sensación de que razonar es un ejercicio inane; de que darlo todo es bueno y malo; de que te van a entender no por lo que eres y dices sino por lo que quieran entender; de que te repiten una mentira hasta creerla verdad.
Hoy voy a aislarme en mis propias palabras, esas que construyen en una página en blanco un mundo perfecto en su imperfección, esas que se delinean, no para explicar hasta la saciedad y el agotamiento, sino para vaciar la mente de agónico tormento, esas que sólo tienen utilidad para mí misma, esas que dan sentido a lo que lo ha perdido.

"Y en mi locura encontré la libertad y la seguridad que da el que no le entiendan a uno, pues quienes nos comprenden esclavizan algo de nosotros." El Loco. G. K. Gibran.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Carcoma

Encontré en un rincón destartalado viejas imágenes carcomidas que alimentaban recuerdos aletargados. Podría haberlas emparejado, darles forma, una cronología, una nueva vida. Pero para qué ordenarlos, a pesar de que algunas tenían una fecha inscrita, borrosa, ajada por el paso del tiempo, para qué construir una crónica de sufrimientos, de lo que se ha perdido, de la imposibilidad implacable del no retorno. Lo hermoso de los recuerdos era que surgieran espontáneamente, algunos como un clic que se desencadena por un olor, una imagen, una mirada, otros teñidos de anécdota jocosa que contar para impresionar a ese alguien tal vez, otros dejarlos dormir olvidados como aquellas fotos para encontrarlos por casualidad un día. Ser inexacta, como la memoria amnésica que un día recobra su lucidez pero no es capaz de controlar las conexiones; ser discontinua, como las elecciones que nos conducen por caminos inesperados que nos reconducen a otros; ser acontecimiento, como la entrada en torbellino imparable en la vida de otros; ser bipolar, hoy me sirve, mañana no, hoy tiene sentido, mañana no. Echar la vista atrás con la misma incertidumbre que hacia adelante. Eran testigo del dolor de haber abandonado sueños, del dolor de haberlos continuado, de la batalla ambivalente entre seguirlos o dejarlos atrás.

Conservar algo que me ayude a recordarte sería admitir que te puedo olvidar. W. Shakespeare.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

La apuesta 5

Bragas de categoría

Llegué al taller sin prestar atención al bullicio que se había instalado en las calles con aquellas últimas mañanas cálidas que invitaban a pasear dejando resbalar la vista en indiscreto deleite, pensando en aquella camarera que se había convertido en objeto de mis deseos accidentalmente. Entré y comencé mi jornada dispuesta a olvidar el encuentro, al menos hasta la hora de comer, repitiéndome que los imposibles son deseables por esa misma razón, por inalcanzables. Las horas transcurrieron tranquilas, salvo por algunas llamadas de conocidos de conocidos de algunos clientes y los mensajes insistentes de Ruth que no se resignaba a dejarme sola en casa si estaba enferma. Como tantas otras veces, ni una mentira ni una verdad podían convencerla de que había personas que a veces necesitaban cierto espacio, así que tuve que inventar una nueva excusa, no estaba sola.

lunes, 3 de noviembre de 2014

La apuesta 4

La antesala.

Lo mejor de tener un negocio propio era que tenía total libertad a la hora de establecer los horarios. No se trataba de una tienda, no tenía que ceñirme a una clientela que entrara a fisgonear y saliera con las manos vacías. Era un taller y como tal podía permanecer cerrado aunque me encontrara en su interior trabajando. Así iba a ser aquella mañana de lunes en la que tenía que concentrarme para terminar la entrega de un carillón para mi más preciada clienta. Ya había incumplido con la fecha en dos ocasiones – las malas costumbres, como salir de noche entre semana, son difíciles de erradicar – y se me habían agotado las excusas verosímiles, mi gato ha estado enfermo; mi mejor amiga se ha casado y necesita una cama como nueva antes de volver de la luna de miel. Sin embargo, la realidad de aquella estrategia de cerrar la puerta tenía un único fin verdadero, evitar que una imprevista visita de Ruth se convirtiera en una excusa para ir a comer, que por rutinaria ya se había tornado en predecible, aunque no avisara, y que servía de antesala para una tarde perdida que empataría con una noche de alcohol y despropósitos.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Reinvenciones

HAY PALABRAS QUE SE ENQUISTAN EN EL ALMA DESPERTANDO LA AÑORANZA DEL SILENCIO.

Hubo un tiempo en que aquel día era de celebrar, que tenía significado por sí mismo. Luego aparecieron las dudas, esas que eran producto de otras que se negaban a despejar, a veces con inusitado ensañamiento producto de iras contenidas, producto de no expresarlo y tomar una pregunta como un ataque. Así que aquel día fue perdiendo significado y empecé a comprender que lo mejor era que las cosas tuvieran sentido para mí y no mendigarlo en otros ni tratar de expresarlo infinitamente hasta la saciedad en vano. Esa constante a veces se ha convertido en variable en momentos puntuales derivando en otra constante, la frustración.

jueves, 11 de septiembre de 2014

La apuesta 3


La estrategia.

       Ruth se marchó entrada la noche, después de dar cuenta de toda aquella comida mexicana, hecho que agradecí porque aunque me gustara bastante no me veía en disposición de repetir el mismo menú, más teniendo en cuenta que se había empeñado en demostrarme que la mejor forma de terminar con una resaca era tomar algo de alcohol. Así que mientras ella devoraba lo que había restado del almuerzo, yo bebía para soportar su monólogo interminable con la esperanza de me dejara descansar en posición horizontal con el único sonido de mis pensamientos. Y no era que no la quisiera, pero quería más a mi cama, tanto como odiaba aquella capacidad que tenía para comer y comer sin engordar – que en algún momento había dado pie a la especulación sobre algún desarreglo alimenticio -, y comer y hablar, comer y hablar… sin que le faltara el aire. El avance del tiempo en la relación trajo la lógica del conocimiento, el fitness era milagroso. Aún así yo sólo le seguía encontrando un beneficio, la posibilidad de conocer alguna mujer, y como efecto secundario, una probable mejora del estado físico.

martes, 2 de septiembre de 2014

lunes, 1 de septiembre de 2014

Reinvenciones



OTROS
Con el descenso de la luz de la tarde iba tomando conciencia del lento devenir que induce la mente al cuerpo hacia el infierno. Algunos lo viven día a día, para otros es dejarse ir hacia la muerte; la locura; la desidia y el abandono de lo físico, porque el pensamiento continúa en su andar sigiloso carcomiendo el alma. Para mí era un poco de todo. En aquel proceso el mundo te da sus recetas, deberías consultar a un profesional, deberías salir, distraerte, hacer ejercicio, deberías hablar.
El amor es la realización de un deseo insatisfecho. Sí que era verdad aquello de cuidado con lo que deseas, porque puede convertirse en realidad. Hubo un tiempo en que creía firmemente que sí, que el amor lo podía todo, que una vida normalera el culmen de la felicidad, de la realización. Pero aquella luz que se iba tornando en colores y tonos transgresores airaba al más osado. La observaba con la rabia de quien esconde en lo más profundo el anhelo de la vuelta a casa sin el sacrificio de fingir una sonrisa, un beso, una caricia, un saludo, una palabra cariñosa. Todos aquellos esfuerzos se iban acumulando en una losa de ácido corrosivo que iba destruyendo el optimismo de despertar en la fragancia de una cama compartida, de un café entre risas despreocupadas, de un intercambio de anécdotas que parecían no importar a nadie ya al volver del trabajo, de unos vinos para cenar que habían perdido su poder mágico salvo el de provocar el sueño.
Me había perdido. No entre las calles y las gentes como hubiera deseado. Me había perdido a mí misma. Sin darme cuenta de que la felicidad no es vivir la vida de otros, es vivirla con otros. Pero ese pequeño detalle sólo lo aprendí con el tiempo. Tras caer en picado, tras aislarme, incomunicarme primero involuntariamente, luego ante el odio creciente, la misantropía del que busca y nunca encuentra quien lo entienda, libremente, por propia elección, tras caer en la apatía, incluso en la más básica necesidad de comer, tras ignorar la rebelión del cuerpo, creyendo que efectivamente era producto de mis manías, no de quien me lo inducía, tras cientos de vueltas a casa no anheladas, de querer perder de vista, de no desear, de no comunicar.
Pero aquel no era el momento, aún no. Di cien pasos, mil, un millón en mi mente, tal era la distancia que ella me representaba con lo que debía llamar hogar. Una vuelta de llave, dos. Esa noche sólo apareció la rebeldía de fingir interés por las anécdotas de otros, de los vinos que inducen al sueño silencioso escudado en cansancio.

Reinvenciones



SOLEDAD.
La alegría se fue perdiendo. La sonrisa se iba diluyendo en cien reproches. El cuerpo se movía por inercia. El deseo hacía tiempo que había abandonado la mente. No había asombro ni descubrimiento en ningún movimiento, en ningún viaje, en ningún paseo. Eran pasos que no conducían a aquella luz que quedó atrapada en un pasado sin tiempo. Eran pasos que giraban en círculo para no afrontar el final del camino. Eran pasos oscuros, ciegos, desmembrados.
Horas de soledad reconfortante, buscada, ansiada. Las habría alargado interminablemente. En aquellos segundos que se iban desgranando lentamente me iba cuestionando, para llegar a una conclusión, lejos de la recriminación moralista sesgada de otra. Pero aún no era el momento. Faltaba una larga tarde noche de conversación.

La apuesta 2



Las bragas y su misterio.

Ruth llegó puntual. Llegó puntual porque no habíamos quedado a una hora en concreto, pero al menos eran horas de comer. Aunque en mi estado actual habría importado poco que hubiera llegado para la cena. Entró con una descomunal sonrisa y una bolsa de comida mexicana. Mis tripas protestaron ante aquella visión, no por hambre, sino por miedo a su gusto por el picante. Mientras servíamos la comida y me aseguraba que no había nada en aquellos envases que pudiera sacarme una sola lágrima, recordaba la infinidad de alimentos exóticos que me había hecho probar desde que la conocía provocándome alguna que otra náusea en más de una ocasión. En cualquier caso agradecí que el contenido de la bolsa fuera reconocible para mí y nos sentamos sin más a dar cuenta de las viandas a la espera de que el natural carácter cotilla de mi amiga aflorara en una pregunta sobre las bragas en el picaporte de la puerta, que sabía que aunque disimulara, las había visto.

viernes, 29 de agosto de 2014

La apuesta 1



Resaca.

Me desperté en medio de una descomunal resaca cuando el reflejo del sol en el horizonte era aún un tímido gálibo cercenando la que se me antojaba cálida oscuridad de la madrugada. Más triste que abrir los ojos, no sin dificultad, en aquellas condiciones, resultaba hacerlo en completa soledad, sin nadie a quien recurrir en busca de un gesto mimoso, un café y un analgésico. En aquella penosa situación y posición horizontal, intentaba abrir los párpados alternativamente, sin ser capaz de que los dos se mantuvieran fijos y que las pupilas encontraran un punto de referencia que no pareciera sacado de la noria de cualquier feria festiva. Me incorporé de la forma más digna de la que eran capaces mis maltrechas extremidades, aferrandome a las ropas de la cama en un intento de mantener el equilibrio, aunque por la fuerza que ejercían mis manos mas bien parecía que intentaba que la cama no saliera volando. Una vez que todo alrededor se detuvo, comencé a reptar en dirección a la cocina, tropezando con multitud de prendas de vestir, no recordaba haber salido con tanta ropa encima, pero al menos había sido capaz de quitármela para meterme en la cama. Descubrí unas bragas colgando de la manivela de la puerta. Eso sí resultaba un misterio ya que yo las llevaba puestas aún y aquellas no me recordaban a ninguna de las mías. Claro que en vista de las condiciones en las que me encontraba no era de extrañar que hasta me hubiera equivocado de apartamento.

miércoles, 23 de julio de 2014

Ser de aire



 Ahora lo veía claramente, todo aparecía ante mí sin que nadie pudiera percatarse de mi presencia. La hipocresía en sus rostros, aquellas caras que tantas veces había escudriñado a la luz del día o bajo una tenue iluminación artificial en una calle cualquiera, intentando hacerlas mías. Esa falsedad observada en más de una ocasión era real, era un síntoma claro de su profundo arraigo en prejuicios y temores. Sólo bajo esta no-apariencia pude aclarar lo que antes rondaba en mi mente como simple sospecha, que aquellas arrugas y gestos austeros y mediocres escondían bajo sus pliegues la mezquindad, el egoísmo, la mentira, la impotencia. ¿Todos mentían? Sin duda se engañaban a sí mismos, sobre todo en las ocasiones en las que rehuían afrontar los hechos tal y como eran o arriesgar parte de su bienestar social y personal.