domingo, 21 de mayo de 2017

El callejón felino 13

13

Una llamada y una pescadería.

Desperté con el ánimo renovado, dispuesta a poner en marcha todo mi arsenal y acabar con aquel misterio. Salí bien temprano, con las precauciones propias de una ocupa fugitiva, en busca de una tienda de telefonía. Como era lógico, el dependiente trató de venderme el modelo más caro. Tuve que vencer mi impaciencia para no sucumbir a sus encantos y gastar mis ahorros en algo de lo que probablemente tendría que deshacerme en un corto espacio de tiempo. Abandoné la tienda con el modelo más económico del mercado, obsoleto y a punto de ser retirado, y las probables maldiciones del dueño que seguramente se estaba arrepintiendo de haberlo colocado en un expositor, a la vista. Crucé la calle y entré en un centro comercial que era lo suficientemente grande como para pasar desapercibida.

domingo, 7 de mayo de 2017

El callejón felino 12

12
Una realidad deformada.
Hay cosas que echo de menos. Ahora me doy cuenta entre estas paredes sin ningún adorno, de espuma de mar blanca, que el fallo no reside en los que imaginan un mundo paralelo, sino en los que lo interpretan y creen que está mal, porque en su dogma se les escapa ese mundo y la mente de los que vivimos al margen. Son seres grises, ni blancos ni negros, monstruos que devoran sueños y que se han apropiado de mi alma. Al menos, eso es lo que ellos creen. Pero una pared en blanco es una invitación para crear. Y así la mente serena dibuja pabellones enmarcados en secreto. La dicotomía es simple. Para ellos solo soy una paranoica cuyos desórdenes estorban. Para mí, puede que para alguien más, soy una molécula traicionada por otras que fingen escuchar con interés.

lunes, 27 de febrero de 2017

El callejón felino 11

11

Un móvil y una guarida.


Yo quería creer toda aquella historia. Sentía la necesidad de que, al contrario que el resto de mi vida, todo lo que estaba sucediendo a mi alrededor no era producto de mi exacerbada imaginación. Si seguía los consejos de mi medicinal ángel de la guarda, debía olvidarme de toda mi rutina y conexión con la realidad. No podía exponerme, mucho menos a las personas que apreciaba, empezando por Isabel. Así que mi primer movimiento implicaría protegerla desapareciendo sin que se enterara. No era la primera vez que sucedía algo así, pero en esta ocasión existían ciertos condicionantes externos que nada tenían que ver con nuestra relación, y eso me cabreaba, no se trataba de una decisión libre.