viernes, 7 de julio de 2017

El callejón felino 14

14
Un encuentro seguro (1).
Me entretuve mirando por la ventana que daba a un patio interior comunitario. Desde allí podía ver con claridad que de las cuerdas que en algún momento de este siglo había colgado ropa lavada, ahora la brisa mecía, no sin esfuerzo, tiras y tiras de pasta que se secaban lentamente. Las lavanderas habían dejado paso a los tejedores de arroz. Sin embargo, bajo aquel entramado de cereal no parecía haber vida, al menos a aquella hora de la mañana, en la que tan solo se podían distinguir al oído débiles chasquidos semejantes a los que producen los ratones al correr por los falsos techos de una casa. Todo aquel mundo de quietud aparente, que a un gato le habría despertado el instinto de cazador, a mí comenzaba a producirme cierto sopor. Tras jugar unos cuantos solitarios, único extra que parecía soportar mi nuevo mejor amigo, me decidí a abandonar aquel lugar, si es que no me habían dejado encerrada en aquel cuartucho. Estaba a punto de girar el picaporte cuando la puerta se abrió repentinamente golpeándome en medio de la cara. Lo último que vi antes de que todo se fundiera en negro, fue a la enfermera intentando agarrarme.

sábado, 10 de junio de 2017

La magnolia

Yo nunca fui así ni de lejos. Siempre fui un tipo centrado, con nervios templados, rara vez caía enfermo, resolutivo. Y ahora qué. Ahora tengo fiebre día sí, día también. La conocí aquella tarde, paseando por el parque. Haz ejercicio, me decía todo el mundo, te vendrá bien coger aire fresco. Yo era feliz en mi habitación multimedia después de trabajar ocho horas resolviendo desaguisados informáticos. Mi vida era y es un código binario. Yo no quería ser un Carl Lewis de las pistas, sino de los bytes. No quería ser un ligón de bares, sino de los chats. No quería tener una tableta por abdomen, sino una de última generación que me pudiera llevar a todos lados para seguir conectado. Pero el médico me regañó. Tienes que caminar Joaquín, que el colesterol se te va a disparar. Que no se puede estar todo el día sentado, que tu corazón va a estallar. ¡Ay! Y seguí su consejo. Me compré ropa deportiva, unas zapatillas de las que te hacen volar y me fui al parque. Y allí la conocí a ella, toda natural, nada de microchips ni circuitos. Una auténtica magnolia que me provocó una alergia irreversible galopante. Ahora salgo a caminar en una cinta de correr con un fondo en pantalla gigante con playas doradas y sonido marino que me relajan, que dicen que lo mejor para los alérgicos es el aire del mar. Y por la calle, mascarilla como un apestado. Quién me va a querer ahora. Ya sólo puedo con las sirenas del grupo de habitantes marinos. ¡Maldita primavera!

Relato escrito para el reto "Maldita primavera" de la comunidad de Google+ Escribiendo que es gerundio.

domingo, 21 de mayo de 2017

El callejón felino 13

13

Una llamada y una pescadería.

Desperté con el ánimo renovado, dispuesta a poner en marcha todo mi arsenal y acabar con aquel misterio. Salí bien temprano, con las precauciones propias de una ocupa fugitiva, en busca de una tienda de telefonía. Como era lógico, el dependiente trató de venderme el modelo más caro. Tuve que vencer mi impaciencia para no sucumbir a sus encantos y gastar mis ahorros en algo de lo que probablemente tendría que deshacerme en un corto espacio de tiempo. Abandoné la tienda con el modelo más económico del mercado, obsoleto y a punto de ser retirado, y las probables maldiciones del dueño que seguramente se estaba arrepintiendo de haberlo colocado en un expositor, a la vista. Crucé la calle y entré en un centro comercial que era lo suficientemente grande como para pasar desapercibida.